by Olivier on 21/02/2018 | Legal & Política

Crisis de opiáceos en los EE.UU. ¿Podría el cannabis medicinal ser una solución?

opiáceos EE.UU. Los opioides son la última plaga de los EE.UU. Ahora que la industria farmacéutica ha creado un ejército de adictos, los cárteles de la droga aprovechan para llenar el hueco. Están inundando América con heroína y fentanilo. Hemos querido averiguar cómo se ha producido esta crisis sin precedentes y por qué el cannabis medicinal ofrece un rayo de esperanza.


La morgue de Dayton, Ohio está a reventar. Hay días en los que los cuerpos sin vida llegan cada hora. “Estamos saturados”, confirma el forense a nuestra investigación.

Junto con sus vecinos Kentucky, Pensilvania y Virginia Occidental, el estado de Ohio es una de las zonas del país más afectadas por la crisis de los opioides.

En internet, circulan videos de adictos que se desploman en público – en supermercados, en gasolineras, en autobuses. La magnitud de la crisis es tal que Donald Trump declaraba una emergencia nacional el pasado otoño.

Estados Unidos se ahoga en el dolor

Las cifras hablan por sí solas: en 2016, 64.000 personas murieron de sobredosis. Son más muertes que en el peor momento de la epidemia del SIDA, y más que en las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán juntas.

Cannabis medicinal como sustituto de los opioides

A diferencia de lo que ha ocurrido en el pasado, la epidemia actual de drogas no es un problema que afecte al centro urbano. Son principalmente los suburbios y las zonas rurales las que se han visto afectadas. Lugares que nunca se han recuperado de la crisis económica de hace diez años.

Y al contrario que en la época del crack, es la población blanca del país la que se ve afectada. Millones de ciudadanos son adictos a los analgésicos que contienen opiáceos, heroína y fentanilo. Pero, ¿cómo demonios se han puesto así las cosas?

$$$$$$$$$$$$$ ¡Es hora de una bonificación en el barrio!

Los años 50 fueron una época de nuevos comienzos. Nada parecía imposible en la tierra de las oportunidades infinitas. Mientras se construían los primeros Escarabajos VW en Alemania, los estadounidenses ya conducían automóviles enormes para ir de compras. En ninguna parte resultaba más evidente este sentimiento de oportunidades que en Nueva York. Manhattan vivió un auge de la construcción sin precedentes, las torres de Midtown alcanzaron el cielo otra vez.

Alcanzar el cielo era lo que los tres hermanos Arthur, Mortimer y Raymond Sackler querían hacer también. En 1952, compraron la pequeña compañía farmacéutica Purdue Frederick, que se convirtió en la piedra angular de su riqueza posterior. Los primeros años fueron difíciles, no resultaba fácil hacer mucho dinero con laxantes y limpiadores de cera del oído. Lo que parecía más prometedor era el negocio de los analgésicos.

En 1996, la empresa familiar, ahora renombrada Purdue Pharma, lanzó OxyContin, un analgésico fuerte, a base de oxicodona, un opioide. La oxicodona ya se usaba en otros analgésicos, pero no en su forma pura, ni en una concentración tan alta.

Pusieron a la venta en el mercado no solo pastillas de 10mg, sino también algunas con 80 y 160 mg de oxicodona, que Barry Meier describe con las siguientes palabras en su libro “Pain Killer: A “Wonder” Drug´s Trail of Addiction and Death“:

En términos de potencia de fuego narcótica, OxyContin era un arma nuclear.

La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) había clasificado OxyContin como una sustancia de Lista II, para la cual, por definición, existe un alto riesgo de abuso y adicción. Sin embargo, Purdue comercializa sus pastillas como una cura para todo tipo de dolor.

El comunicado de prensa para su lanzamiento afirmaba: “El temor a la adicción se ha exagerado”. Un mecanismo patentado que asegura que el único ingrediente activo se libera lentamente (“Contin” significa liberación continua) tenía la intención de prevenir el abuso.

En 1996, Purdue puso en marcha una campaña de publicidad a gran escala para convencer a los médicos, mayoristas y consumidores de las nuevas pastillas mágicas. La campaña muestra a una abuela feliz que tiene el dolor de espalda bajo control gracias a OxyContin y que, por fin, puede volver a jugar con sus nietos.

Los consultorios médicos recibieron casi 35.000 cupones iniciales, que se podían cambiar por pastillas gratuitas. A sus propios representantes les convenció el gran capital. Literalmente. Enviaron un correo electrónico cuyo asunto era: “$$$$$$$$$$$$$ ¡Es hora de una bonificación en el barrio!” Mientras tanto, Purdue financiaba miles de cursos de formación, conferencias y asociaciones.

¿Quién no tiene todavía, quién quiere más?

La máquina de marketing bien engrasada dio en el blanco. El escepticismo inicial dio paso al entusiasmo. Algunos médicos comenzaron a recetar píldoras coloridas como Smarties. Sus pacientes estaban encantados y volvían a por más. Esto refleja una trágica debilidad del sistema sanitario de los Estados Unidos: está diseñado para hacer lo que los pacientes quieren y no necesariamente lo que es bueno para ellos.

Muy poco después de su lanzamiento en el mercado, aparecieron las primeras patillas OxyContin en el mercado negro. Además, enseguida se corrió la voz sobre cómo liberar todo el ingrediente activo a la vez. No hay más que machacar las pastillas. Los usuarios comenzaron a esnifar y a inyectarse “oxys”. Pero a muchos, solo con tomarlos por vía oral, les llevó directamente a la adicción.

En 2007, Purdue Pharma se declaró culpable de engañar al público acerca de los riesgos de adicción de OxyContin. La compañía fue demandada por 634 millones de dólares. Una gota en el océano en comparación con los 35 mil millones de dólares que parece que ganaron los Sacklers con su medicamento de gran éxito. ¿Qué ha pasado después?

Purdue ha invertido más dinero que nunca en sus esfuerzos de presión. Entre 2006 y 2015, la industria farmacéutica gastaba cerca de 900 millones de dólares en grupos de presión – ocho veces más que el lobby de las armas durante el mismo período.

El apetito de Estados Unidos por los opioides estaba lejos de satisfacerse. Las cifras de ventas se dispararon. Y el tiovivo siguió dando vueltas. En 2012, los médicos emitieron 259 millones de recetas para medicamentos que contienen opioides. Este fue el momento cumbre de la locura de las recetas.

Pastillas primero, luego heroína

Una vez que el CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades) emitió nuevas directrices para la prescripción de opioides, el número de recetas comenzó a caer.

Ahora, ¿qué sucede en cualquier mercado donde la demanda excede la oferta? Los precios suben. Eso a su vez hizo que los cárteles de la droga mexicanos se interesen. Inundaron América con heroína barata.

Al hacerlo, los llamados “Xalisco Boys” ha actuado de la misma forma que la gente de publicidad de Purdue antes que ellos. Según las estadísticas publicadas, han dirigido su producto a los sectores pobres con bajo nivel educativo, en los que se registraba una media mayor de accidentes en el trabajo. Distribuyeron muestras gratuitas cuando lo lanzaron en el mercado.

La estrategia funcionó: Alrededor de un millón de estadounidenses consumen heroína regularmente. Alrededor del 80% de los nuevos usuarios, comenzaron su adicción con analgésicos legales.

La heroína se elabora a partir de la savia lechosa de la adormidera, que es difícil de cultivar en México. Para poder manejar la gran demanda, los cárteles empezaron a mezclar fentanilo con la heroína. El fentanilo es un opioide completamente sintético, que es bastante fácil de obtener en el mercado negro chino.

Danny, un heroinómano de Filadelfia, recuerda cuando apareció por primera vez en el mercado la nueva droga: “La gente no sabía qué tenía entre sus manos… Tan pronto como los traficantes vieron que la gente caía como moscas, pensaron: ‘Estamos haciendo algo mal’. Ahora lo mezclan mejor”. Por desgracia, solo podemos estar de acuerdo con Danny en parte.

Casi todos los usuarios que terminaron en el depósito de cadáveres en Dayton, habían muerto a causa de una sobredosis de fentanilo. No se vislumbra el fin. Los expertos asumen que la cantidad de muertes por drogas seguirá aumentando.

¿Hay una crisis de opiáceos también fuera de los Estados Unidos?

Patrick Radden Keefe del New Yorker fue quien sacó a la luz los negocios sin escrúpulos de Purdue Pharma. Desde entonces, la compañía ha estado en la lista negra de los Estados Unidos. Los Sacklers siguen llevando una doble vida. En público, se presentan como buenos chicos y usan su dinero para financiar museos, galerías y universidades de renombre mundial.

Al mismo tiempo, han creado toda una red de nuevas empresas con el fin de mover su negocio de opioides al extranjero. Bajo el nombre “Mundipharma”, los propietarios de Purdue ahora están activos en China, México y Brasil. Keith Humphrey, psiquiatra de la Universidad de Stanford, advierte sobre la globalización de la crisis de opiáceos.

Mientras tanto, la oposición también va creciendo en otros frentes. La famosa fotógrafa Nan Goldwin se convirtió en adicta al tomar OxyContin. Después de un doloroso síndrome de abstinencia, ha abandonado el hábito de las drogas. Y ha declarado la guerra a los Sacklers. En Twitter e Instagram, exige que la familia invierta parte de su fortuna en programas de tratamiento y prevención de adicciones.

El cannabis medicinal como sustituto de los opioides

Crisis de opiáceos en los EE.UU. ¿Podría el cannabis medicinal ser una solución?

Goldwin tuvo suerte. Como neoyorquina adinerada, pudo permitirse el lujo de pagar una famosa clínica de rehabilitación, para ayudarle a poner su problema de drogas bajo control. Aunque podemos apoyar su campaña contra los Sacklers: sería demasiado simplista culpar solo a la industria farmacéutica de este problema.

La crisis de los opiáceos en América es ante todo una crisis social. La falta de perspectivas y el aburrimiento son las condiciones perfectas para que florezca la adicción. Lo que la gente necesita son empleos que ofrezcan la oportunidad de una vida digna. Eso incluye el acceso a un sistema de salud que funcione. En las áreas rurales, el tratamiento médico y terapéutico, que los adictos necesitan desesperadamente, es un caos. Las terapias del lenguaje y los tratamientos alternativos apenas existen.

Mientras tanto, el cannabis medicinal podría proporcionar una ruta para salir de esta crisis. Múltiples estudios e historias de pacientes se refieren a las cualidades para aliviar el dolor del THC y del CBD. Como parte de un estudio actual, la Universidad de Nuevo México está investigando si los pacientes que sufren dolor crónico pueden reducir su consumo de opioides mediante el uso de cannabis. Los resultados iniciales son alentadores. Investigadores de la Universidad de Georgia también han podido demostrar que se recetan menos analgésicos cuando las personas tienen acceso al cannabis medicinal.

En términos del efecto de los cannabinoides en la adicción a los opiáceos, hay algunos indicadores interesantes de experimentos con animales. En un estudio, el CBD bloqueó el efecto de recompensa de la morfina. En otro estudio, el CBD redujo el comportamiento de las ratas en la búsqueda de heroína. El efecto positivo de retraso todavía podía observarse dos semanas después, lo que podría ayudar a prevenir las recaídas.

Una nueva iniciativa de investigación en UCLA también da motivos para la esperanza. De acuerdo con Jeff Chen, quien dirige la investigación, hay indicios de que el cannabis podría ayudar a la gente a dejar la heroína y las pastillas:

“Donde hay un elemento de dolor crónico, el cannabis puede abordar el elemento del dolor crónico. También sabemos que los adictos a los opiáceos tienen mucha inflamación neurológica, que creemos impulsa el ciclo de la adicción. Los estudios iniciales han indicado que los cannabinoides reducen la inflamación en el cerebro”. De hecho, muchos adictos a los opiáceos informan de que superan el síndrome de abstinencia más fácilmente gracias al cannabis medicinal.

Sin embargo, el gobierno federal afirma que el cannabis no tiene ningún potencial medicinal. Mientras permite que la industria farmacéutica les pague sumas muy atractivas.

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