Historia del cannabis: cómo llegó el cannabis a América

La prehistoria del cannabis en América es un verdadero misterio que aún no ha sido aclarado por completo. Para ello, es importante analizar la relación del hombre con la planta desde la antigüedad. Aunque mucha gente cree que fue Colón quien llevó el cannabis a América, existen pruebas de que la planta ya estaba en el continente mucho antes de su llegada.

Aunque se ha publicado muy poco sobre este tema y se ha investigado aún menos, la presencia de Cannabis sativa L. puede considerarse anterior a la llegada de los españoles al continente, si bien no se cultivaba a gran escala.

A pesar de que existen diversas teorías acerca de la fecha exacta en la que aparecieron por primera vez los humanos en el continente americano, en general se cree que se produjo hace unos 14 000 años, cuando varios grupos emigraron a través del estrecho de Bering desde Asia, lugar de origen del cannabis.

Homo erectus

La subclase de plantas Rosidae tiene una antigüedad de 100 millones de años. Puesto que el cannabis forma parte de esta subclase y, por tanto, es más antiguo que la humanidad, la relación entre los humanos y esta planta debe haber comenzado con el Homo erectus hace alrededor de 1,7 millones de años. El Homo erectus era un homínido alto y de constitución poderosa, con un cráneo grande y muy hábil en la creación de herramientas.

Además, este homínido consiguió controlar el uso del fuego. El Homo erectus tiene su origen en África y posteriormente se extendió por Asia y Europa. Durante los cientos de miles de años que siguieron, se convirtió en la primera especie nómada en migrar por todo el mundo. Por lo tanto, existe un hipotético uso del cannabis por parte del Homo erectus, puesto que la planta crecía en menos de 100 días y proporcionaba fibra, madera y aceite.

Los restos de cannabis más antiguos

El hombre de Neandertal, Homo neanderthalensis, habitó el mundo entre hace 230 000 y 28 000 años. En su último milenio de existencia coincidió con el Homo sapiens. Durante este período y en los últimos 1,5 millones de años, se extinguieron también muchas otras especies humanas. Entre ellas se incluye el Homo floresiensis, que desapareció hace unos 12 000 años. El Homo sapiens es la única especie superviviente del género Homo.

Con tantas especies interactuando y desarrollándose juntas, no es difícil imaginar cómo la planta viajó con los humanos que migraron a través del estrecho de Bering o que incluso cruzaron el planeta de otras formas. Los restos arqueológicos de cannabis más antiguos que se conocen se encontraron en Taiwán y datan de hace unos 10 000 años, mientras que los restos americanos más antiguos datan del año 3000 a. C.

Según algunas teorías, el estrecho de Bering pudo haberse congelado creando un puente de hielo utilizado por los pueblos antiguos de latitudes meridionales, como África, para llegar al Nuevo Mundo. Estos pueblos nómadas criaban ganado y muchos de ellos seguían rutas comerciales. No obstante, también se produjeron migraciones masivas, a menudo debido a desastres naturales.

La cultura clovis

La cultura clovis, que recibe el nombre de la ciudad de Nuevo México donde fue identificada por primera vez, está considerada como una de las primeras culturas humanas establecidas en el Nuevo Mundo. La datación por carbono 14 en un asentamiento indígena del Pleistoceno aquí descubierto sugiere que los restos tienen unos 13 500 años de antigüedad. Además, en el yacimiento de El Fin del Mundo en el estado mexicano de Sonora, se han encontrado utensilios de caza del pueblo clovis que datan del año 13 000 a.C.

Aunque algunas evidencias arqueológicas parecen respaldar la teoría de que hubo asentamientos preclovis en el Nuevo Mundo, la mayoría de los arqueólogos cree que los clovis fueron de los primeros habitantes de América.

La teoría estándar aceptada establece que la fecha de la primera habitación humana del Nuevo Mundo se produjo cuando el pueblo clovis se abrió camino hacia Norteamérica cruzando el estrecho de Bering a través del puente terrestre de Bering. Esta era una franja de tierra que conectaba Siberia con Alaska durante un periodo de descenso del nivel del mar en la era glacial. A medida que los glaciares iban retrocediendo, los clovis se fueron dirigiendo hacia el sur a través de un corredor libre de hielo al este de las Montañas Rocosas.

Preclovis en América

Sin embargo, en varios yacimientos arqueológicos se han encontrado evidencias de una población preclovis en América. En América Central y del Sur, estos yacimientos sugieren la existencia de culturas mucho más antiguas y los arqueólogos llevan mucho tiempo compartiendo este descubrimiento gracias a ejemplos como los componentes MV-I y MV-II del yacimiento de Monte Verde. Estos se encuentran cerca de Puerto Montt en Chile y se descubrieron en 1997. Los sitios contienen evidencia de presencia humana que se remonta al año 13 000 a. C. e incluso más allá del 20 000 a. C.

Piedra Museo, en Santa Cruz (Argentina) es un yacimiento arqueológico descubierto alrededor de 1910 por Florentino Ameghino. Ameghino fue un arqueólogo que clasificó hasta 9000 animales extintos, la mayoría descubiertos por él mismo. Incluso hoy en día, sus catálogos tienen un valor incalculable para académicos de todo el mundo. En 1995, Laura Miotti, también de Argentina, analizó los restos, que datan del 12 890 a. C.

Las pinturas rupestres del yacimiento de Pedra Furada en São Raimundo Nonato, al este de Piauí (Brasil), fueron descubiertas por un equipo francobrasileño en 1973. Se han encontrado artefactos que datan del 32 000 hasta el 60 000 a. C., lo que sugiere que los humanos del norte de África habrían viajado hasta la costa actual de Brasil en lo que debieron haber sido miles de barcos rudimentarios. Mientras tanto, la cultura clovis se desarrollaba en el norte. Incluso hay pueblos a lo largo de la costa atlántica que tienen nombres africanos.

Otro yacimiento en el que se han encontrado vestigios preclovis es el Meadowcroft Rockshelter en Pensilvania, que data del 19 000 a. C. También se han encontrado restos muy antiguos en México, del 40 000 a. C., descubiertos por la geóloga británica Silvia González. En una cueva de la cuenca del Valsequillo, un lago cerca del volcán Cerro Toluquilla, se encontraron 200 huellas humanas fosilizadas, incluidos grabados realizados por niños en ceniza volcánica basáltica.

Olas de migrantes

Los pueblos mesoamericanos tienen su origen en la parte central de México y América Central, tan al sur como en Costa Rica. La doctora Silvia González cree que América fue poblada por varias olas de migrantes de diferentes lugares, remontándose la cultura maya al año 3114 a. C.

Aunque esta hipótesis no está aceptada generalmente, se han diferenciado varios rasgos genéticos. Se trata de la teoría más actualizada, que modifica la fecha de la llegada de pobladores humanos a América del 13 000 a. C. a otro periodo entre el 12 000 y el 50 000 a. C.

Quienes defienden aún la teoría única del estrecho de Bering argumentan que la llegada de los humanos no pudo haberse producido antes del 14 000 a. C., puesto que el corredor interior libre de hielo a lo largo del río Mackenzie estaba cerrado hasta entonces, y los humanos no habrían podido tomar dicha ruta interior.

Sin embargo, si el Homo sapiens llegó al Nuevo Mundo por el norte, ¿cómo es posible que la mayoría de los yacimientos arqueológicos más antiguos se encuentren en el sur?

Hay quien incluso cree que otros grupos de Homo sapiens llegaron desde Australia parando en la Isla de Pascua antes de llegar al Nuevo Mundo. También llegaron desde Europa, puesto que las capas de hielo se extendían hasta el sur de España cubriendo el mar incluso a esa latitud. Por tanto, pudieron haber viajado como los inuits, manteniéndose calientes sobre el hielo y cazando con barcos construidos con huesos y cubiertos con pieles de foca.

Y, por supuesto, también los vikingos intentaron colonizar el Nuevo Mundo. Pero no pudieron adaptarse a la vida en el norte y desaparecieron. Una vez allí, debieron haber tenido que usar y transportar el cáñamo cultivado en el Nuevo Mundo, porque era esencial para la navegación a vela. Ninguna otra fibra podía utilizarse para las velas y el aparejo y permitir a los barcos realizar viajes tan largos.

Fuera del continente africano, el cannabis ha disfrutado de una relación etnobotánica muy estrecha con los seres humanos durante al menos 1,7 millones de años en la época de las migraciones. El uso de esta planta se extendió de un grupo a otro.

El cáñamo en el Nuevo Mundo

Volviendo al tema de las migraciones al Nuevo Mundo, existe evidencia escrita de la presencia de barcos vascos en México mucho años antes de la llegada de Cristóbal Colón.

Incluso los fenicios y los cananeos utilizaron el cáñamo y llegaron al Nuevo Mundo en el 531 a. C. Es muy probable que llevaran semillas con ellos, puesto que sin ellas no habrían podido cultivar las plantas para fabricar más velas y cuerda.

Son muchos los que niegan la evidencia de la existencia de cáñamo en el Nuevo Mundo antes de la llegada de Cristóbal Colón. Sin embargo, existe gran variedad de ejemplos de telas, hilos, ropajes y bolsos realizados con esta fibra, lo que revela cuán difundido estaba el cannabis entre las tribus indígenas precolombinas. Se usaba básicamente para fabricar tela, sandalias, redes de pesca, cuerdas, esteras y cestas, aunque también se utilizaba en rituales y en la medicina. En la actualidad, las posibilidades del cáñamo son aún mayores, como la producción de biocombustible de cáñamo.

El cáñamo, al ser una planta dioica (con machos y hembras separados), tiene un alto nivel de variabilidad genética, lo que la hace muy adaptable y predispuesta a los cambios. Se trata de una especie ideal para la colonización de nuevas tierras. El problema es que, en muchos vestigios arqueológicos, las fibras no se conservan y desaparecen.

El etnólogo W.H. Holmes, del Instituto Smithsoniano, confirmó no solo la llegada del cannabis con los vikingos, sino también su presencia en el Nuevo Mundo durante la prehistoria. Sugirió que fue transportado tanto por humanos como por animales a través del estrecho de Bering.

La evidencia de su presencia se asocia con los constructores de montículos, habitantes precolombinos de Norteamérica que se remontan al periodo entre el año 3000 a. C y el siglo XVI y vivieron en las regiones de los Grandes Lagos y el río Misisipi.

Utilizaban el cannabis para rituales y para fabricar textiles, como lo demuestran las centenares de pipas y algunos grandes trozos de tela que se han encontrado. Cuando morían, además de los bienes funerarios, junto con el cuerpo se enterraron en las tumbas incluso los carretes de hilo de cáñamo utilizados para fabricar sus telas.

Cuando Cristóbal Colón llego al Nuevo Mundo, cada uno de sus barcos transportaba 80 toneladas de aparejos y velas de cáñamo, una cantidad nada desdeñable. Si el cannabis ya crecía en el Nuevo Mundo en esa época, habría sido cultivado solo en unos pocos lugares, y no todos los habitantes lo habrían utilizado.

De vuelta al presente

En 1524, el explorador florentino Giovanni da Verrazzano descubrió por primera vez el cannabis creciendo salvaje durante una expedición a Virginia en Norteamérica. El explorador francés Jacques Cartier informó de que había visto crecer grandes extensiones de cannabis silvestre durante cada uno de sus tres viajes a Canadá en 1535, 1536 y 1541. En 1605, Samuel de Champlain mencionó que había visto a los nativos utilizar cáñamo silvestre en sus anzuelos. El cáñamo no fue considerado formalmente como parte de la flora de Norteamérica hasta 1606. En 1609, Henry Spelman, durante su visita a Virginia con Thomas Hariot, describió cómo los nativos usaban cestas de cáñamo para cosechar maíz.

James Adair menciona el uso del cañamo por los indios Cherokee y otras tribus en su libro The History of the American Indians (1775).

La planta del cáñamo ha desempeñado un papel fundamental al contribuir a la supervivencia de las personas a lo largo de los millones de años de historia de la raza humana, y se ha extendido por todo el mundo, ayudándonos durante milenios. Sin embargo, no se ha investigado mucho sobre esta planta, y existen relativamente pocos registros debido al hecho de que sus fibras se pudren muy rápidamente.

No cabe duda de que seguiremos viendo progresos en la reconstrucción de la historia del cáñamo, y quizás nuestro pasado nos sorprenda en ocasiones. De momento, intentaremos que el mayor número posible de gente conozca la verdad sobre el cáñamo: que es una planta muy útil, que se puede utilizar de muchas maneras y que nos ha ayudado a adaptarnos y a crecer.

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    Sensi Seeds

    El equipo editorial de Sensi Seeds incluye botánicos, expertos médicos y legales, además de activistas de renombre como el Dr. Lester Grinspoon, Micha Knodt, Robert Connell Clarke, Maurice Veldman, Sebastian Marincolo, James Burton y Seshata.
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