¿Qué son los euforizantes legales?

Los euforizantes legales pueden ser compuestos sintéticos que imitan los efectos de otras drogas recreativas, o bien plantas psicoactivas que no son ilegales. Existe mucha preocupación acerca de la seguridad de los euforizantes legales sintéticos y ha habido grandes dificultades en su gestión y control.

La amenaza que los euforizantes legales plantean a la sociedad posiblemente sea mayor que la de muchas drogas ilegales como el cannabis, la cocaína o el éxtasis. Los euforizantes legales son un fenómeno relativamente nuevo que consiste en que alguien toma una droga ya ilegal, como el THC, la manipula un poquito y crea un nuevo compuesto químico. Como la ley no puede seguirle el ritmo a la creación de estas nuevas sustancias, son legales durante un corto periodo de tiempo antes de que las descubran y las prohíban otra vez.

¿Entonces por qué podría ser más peligroso que las drogas legales? Para empezar, ¡sabemos más acerca del cannabis, la cocaína, la metanfetamina y el éxtasis que de los euforizantes legales! Cuando los euforizantes legales entran en el mercado, no se sabe prácticamente nada sobre sus efectos en el cuerpo y la psique del ser humano. En cambio, la comunidad médica lleva mucho tiempo investigando el cannabis y otras drogas ilícitas, ¡así que al menos saben qué se puede esperar!

En este artículo abordamos los diferentes tipos de euforizantes legales y la controversia que los rodea. No profundizaremos en todas las leyes de todos los diferentes países, así que estos euforizantes legales pueden ser ilegales en tu país.

¿Qué son los euforizantes legales?

Los euforizantes legales pueden ser una de estas dos cosas:

  1. una planta psicoactiva que es legal; o bien
  2. una variación química de un compuesto ilegal que lo transforma en legal.

Los euforizantes legales llevan décadas vendiéndose en las headshops. A veces son plantas de cultivo legal, pero con un profundo efecto psicoactivo. Otras veces, son copias sintéticas, por así decirlo, de otros estupefacientes mejor conocidos. La mayoría de las veces, son comercializadas como inciensos herbales «no aptos para el consumo humano», pero atraen a muchos de los que tienen recursos para comprar drogas «de verdad», «ilegales».

A veces vienen en forma de pastillas diseñadas para reproducir los efectos de ciertos estimulantes como la cocaína o el éxtasis. Otras veces, se trata de preparaciones herbales que se pueden fumar y están diseñadas para imitar los efectos del cannabis u otros alucinógenos.

En algunas partes del mundo, Salvia divinorum, también conocida como salvia de los adivinos o ska pastora, es legal, pero fumada es uno de los alucinógenos más potentes. Dependiendo de dónde vivas, la salvia se puede conseguir en headshops o incluso cultivarse en el jardín. Este es un ejemplo de planta psicoactiva que es legal en algunos lugares.

La mayoría de los euforizantes legales son del segundo tipo. Este implica la manipulación de un compuesto ilegal como el THC, por ejemplo, para transformarlo en una sustancia química totalmente nueva. Esta sustancia aún no aparece catalogada como «prohibida» porque es nueva, y se convierte en un eurofizante legal. Esto se ha hecho millones de veces, en todo el mundo.

El spice es un ejemplo de este tipo de euforizante legal. En esencia, es una manipulación del THC para que se le parezca mucho, pero, aunque posea efectos similares, es completamente diferente.

¿Son seguros los euforizantes legales?

La respuesta corta es que no. Y por razones muy obvias. Antes de que cualquier agencia de control de fármacos y alimentos apruebe un medicamento, tiene que ser sometido a rigurosos ensayos de toxicidad, farmacocinética y efectos adversos. Los euforizantes legales entran en el mercado antes de que esto ni siquiera se haya planteado. Como la mayoría se comercializan como «no aptos para el consumo humano», no están sometidos a estas pruebas obligatorias.

Muchos consumidores de drogas ilegales entienden los riesgos asociados al consumo que hacen de ellas. Los euforizantes legales implican más que un riesgo para la persona. Hay otros motivos de preocupación, como que los adolescentes sin criterio formado estén expuestos a los euforizantes legales, sobre todo porque normalmente se venden en las headshops.

Otro problema grave recae sobre la comunidad médica. Gracias a décadas de investigación sobre los efectos del cannabis, la heroína, la cocaína, el éxtasis y otras drogas ilegales, existen protocolos para los facultativos en caso de sobredosis. En general se sabe cómo manejar las reacciones adversas y los problemas para la salud, así como prevenir sobredosis mortales.

Los euforizantes legales entran en el mercado sin investigación científica y tan rápido que no se puede saber si estos protocolos funcionan o no, es decir, la comunidad médica puede verse impotente a la hora de asistir a alguien que sufra una reacción adversa.

Hay un peligro mucho menor asociado a los euforizantes legales que son plantas psicoactivas, pero que han conservado su legalidad (como Salvia divinorum). El motivo es que puede que haya algo de investigación sobre ellas o sobre alguno de sus componentes químicos identificables, al contrario que los euforizantes legales, que se componen de sustancias completamente nuevas que nunca han sido estudiadas.

La epidemia de spice

A principios de esta década, EE. UU., Australia y algunas partes de Europa se enfrentaron a una de las «epidemias» más extrañas de la historia de la humanidad: la epidemia de spice. El spice, también conocido como «K2», «fuego de Yucatán», «llamarada solar» o «marihuana sintética», es una especie de cannabinoide artificial que fue adquiriendo cada vez más popularidad en la década pasada. Y, aunque no se conocen muertes producidas por los cannabinoides orgánicos, ha habido muchas registradas como resultado directo del consumo de cannabinoides sintéticos.

A modo de ejemplo, en los EE. UU. hubo 28.531 visitas a urgencias relacionadas con estas sustancias en 2001. Ese mismo año en Nueva Zelanda, , hubo 45 muertes registradas como resultado directo de los cannabinoides sintéticos, también conocidos como spice.

Uno de los mayores problemas relacionados con los euforizantes legales a los que se enfrentan los investigadores es qué hacer en caso de emergencia. En la actualidad, el tratamiento consiste principalmente en controlar los síntomas y proporcionar cuidados sin que exista una comprensión general de los efectos a largo plazo (si es que los hay).

Y, en cualquier caso, debería haber más investigación para poder predecir los problemas para la salud y tratarlos de manera eficaz. Pero, como es de imaginar, esto es algo especialmente difícil con los euforizantes legales. Su ritmo de acceso al mercado supera el de las pruebas de control, y suelen prohibirse antes de haber entrado jamás en un laboratorio.

Preocupación sobre la gestión de los euforizantes legales

Hay varias cosas preocupantes acerca de la gestión de los euforizantes legales que entran en el mercado. El modelo vigente en la mayoría de los países es que una sustancia no está prohibida a no ser que se especifique lo contrario. Por ejemplo, la mayoría de los países tienen algo parecido a una ley de estupefacientes que define las sustancias prohibidas. Normalmente, esta lista incluye drogas ilícitas como anfetaminas, cocaína, éxtasis, THC, etc.

En vez de prohibirse, algunas sustancias están reguladas. Los fármacos con receta son un ejemplo perfecto. Aparte de las sustancias reguladas y prohibidas, todo lo demás se considera «juego limpio» mientras no se diga lo contrario.

Normalmente, un euforizante legal es introducido en el mercado con el pretexto de que se trata de una nueva sustancia. En cuanto se descubre que es un euforizante legal, esa sustancia se prohíbe y se retiran de las estanterías todas sus existencias. Entonces, se vuelve a manipular un poco y se crea una nueva sustancia. En pocas semanas, puede aparecer en las tiendas un nuevo euforizante legal.

Por la naturaleza de los euforizantes legales sintéticos, la calidad y el control son prácticamente imposibles. Los consumidores deberían ser conscientes de que la seguridad y la calidad no están entre las prioridades de los fabricantes de euforizantes legales.

Es casi imposible que los órganos reguladores le sigan el ritmo a la producción de estas sustancias. Se trata de un ciclo continuo de prohibición y lanzamiento de un nuevo compuesto, que muchas veces se crea antes de que se haya prohibido el anterior.

Debate sobre la prohibición de grupos de sustancias

Una de las soluciones al fenómeno de los euforizantes legales, solo planteada como hipótesis, es la prohibición de grupos de sustancias, en lugar de sustancias individuales. Lo que hacen en la actualidad los laboratorios ilegales es alterar la estructura molecular de una sustancia prohibida de manera que se origine una droga que aún no esté prohibida: un euforizante legal. Por el contrario, si se prohibiera a la vez todo un grupo de sustancias, se podría contrarrestar en gran medida el comercio ilegal practicado por estos laboratorios.

Sin embargo, es difícil vetar simultáneamente todos los euforizantes legales. Para empezar, la industria farmacéutica y las grandes empresas químicas se opondrían, porque sus productos también contienen sustancias que entrarían dentro de los grupos prohibidos.

Y, en segundo lugar, los laboratorios ilegales podrían crear fácilmente nuevos grupos de sustancias.

Alternativas: prohibir la conducta, no la sustancia

Andar siempre persiguiendo nuevas sustancias puede que no sea ni eficaz ni efectivo. Exige muchos recursos y es muy laborioso para los organismos encargados de controlar este tipo de problemas. Una posible solución podría ser castigar la conducta de estos laboratorios ilegales en vez de prohibir sustancias sin más.

En 2017, Australia impuso sanciones severas a los fabricantes de euforizantes legales. Además de ser ilegal vender estos compuestos, también lo es su producción. Aunque de entrada esto pueda sonar agresivo, es comparable a la política de cannabis de muchos países. En muchas partes del mundo, cultivar cannabis para consumo personal es legal y aceptable, pero así su tráfico y venta. Por tanto, el problema principal no es la droga en sí misma, sino su comercialización ilegal.

  • Disclaimer:
    Aunque se ha hecho todo lo posible para garantizar la exactitud de este artículo, no está destinado a proporcionar consejo legal, ya que las situaciones individuales serán diferentes y deben consultarse con un experto y/o abogado.

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    Sensi Seeds

    El equipo editorial de Sensi Seeds incluye botánicos, expertos médicos y legales, además de activistas de renombre como el Dr. Lester Grinspoon, Micha Knodt, Robert Connell Clarke, Maurice Veldman, Sebastian Marincolo, James Burton y Seshata.
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