by Seshata on 13/12/2016 | Legal & Política

Cómo Depende la Economía Global del Dinero Ilegal de la Droga – Parte II: Rutas Comerciales, Imperio, y el «Narcoestado»

Dinero ilegal Las drogas han sido objeto de comercio entre países durante siglos, y se han aprobado leyes prohibiendo su venta o consumo, casi al mismo tiempo. Los inicios de la historia del narcotráfico son irregulares, pero a partir del siglo XVII, hay muchas evidencias de un floreciente comercio internacional, además de muchos esfuerzos para erradicarlo.


Cómo Depende la Economía Global del Dinero Ilegal de la Droga - Parte II

Colonialismo, Drogas y Equilibrio de Poder

Los intereses británicos, portugueses, franceses, españoles y holandeses llevaban más de un siglo compitiendo por el control de los principales territorios asiáticos y de las rutas comerciales. Entre sus territorios, los portugueses tenían el control de Goa, y los holandeses controlaban Bengala – que eran dos regiones productoras de opio muy importantes.

Es importante señalar que, por aquel entonces, los gobiernos europeos sólo participaban, de forma indirecta, en esta red emergente de comercio internacional. Los actores principales eran los comerciantes de las Compañías de las Indias Orientales – colectivos de comerciantes que recibían apoyo indirecto de sus respectivos gobiernos.

A finales del siglo XVII, la Compañía de las India Orientales Portuguesa y su homologa británica transportaban el opio a Cantón (el principal puerto chino de esa época) desde Goa, mientras que la Compañía de las Indias Orientales Holandesa había establecido el monopolio del comercio de opio entre Bengala y China.

El imperio chino era una potencia regional importante, con la que Europa tenía una relación comercial inestable. Los chinos exportaban grandes cantidades de mercancías de valor a Europa, sin embargo, apenas necesitaban los productos europeos. Pero las ventas de opio representaban un medio muy efectivo de pagar estos artículos con plata para compensar el déficit europeo, y al principio, los chinos estaban encantados de comprarla.

Luego, debido a la preocupación por el número, cada vez mayor, de adictos y a la disminución de las ganancias procedentes de la plata, China aprobó una ley que prohibía la venta de opio en 1729. No obstante, esto no acabó con el comercio, sino que sencillamente empujó a los comerciantes a implementar métodos más sutiles de llevar sus productos a China.

Los ejércitos privados de la Compañía de las Indias Orientales Británica lucharon y ganaron guerras importantes en 1757 y 1764, lo que les permitió tomar el control de Bengala, Bihar y Orissa – las principales regiones productoras de opio de la India. Este período marcó el verdadero comienzo del dominio de la Compañía en la India, que iba a continuar hasta la institución del Raj británico en 1858.

En 1773, la Corona británica concedió a la Compañía el monopolio sobre el comercio de opio en Bengala; la Compañía empezó a vender opio a los comerciantes privados en Calcuta (Kolkata), a fin de evitar, abiertamente, la prohibición china de las ventas de opio. Estos comerciantes transportaban la mayor parte del opio directamente a China.

"Los Buques del Opio en Linfen, China" de William John Higgins
«Los Buques del Opio en Linfen, China» de William John Higgins

Las Guerras del Opio y la Derrota de China

La Compañía era plenamente consciente de que su comercio continuado de opio, después de 1729, era ilegal en virtud de la legislación china. Sin embargo, siguieron con el comercio y llevaban el opio directamente a Cantón en buques de la Compañía – pero dejaron de hacerlo cuando los directores de la Compañía en Londres criticaron la práctica de «poner en peligro las formas jurídicas del comercio Sino-Británico, dado que el opio era contrabando en China».

Durante las siguientes décadas, la Compañía aumentó sus esfuerzos para controlar y penetrar en el mercado chino, y el comercio de opio era cada vez más determinante para sus iniciativas en curso en Asia.

A pesar de haber relajado parcialmente la prohibición en las décadas posteriores a 1729, el nuevo aumento del número de adictos y las grandes pérdidas de la plata motivaron que China aprobase nuevas prohibiciones sobre el consumo (1796) e importaciones (1800) de opio. Más tarde, en 1834, la Compañía perdió el monopolio otorgado por la Corona (debido a las protestas británicas generalizadas en favor del libre comercio) sobre el opio, y la competencia comenzó a animarse.

Este período fue testigo de los intentos, cada vez más tortuosos y agresivos, de controlar el comercio. La Compañía emitió órdenes escritas para los comerciantes privados con los que comerciaba, prohibiéndoles, al parecer, dedicarse al contrabando de opio a China, mientras que secretamente les exigía que lo transportasen.

Durante este tiempo, los comerciantes solían enviar el opio a los almacenes situados en las islas cercanas a Cantón. En 1839, los funcionarios chinos inspeccionaron estos almacenes, y confiscaron y destruyeron 20.000 baúles (alrededor de 1.400 toneladas imperiales) de opio.

En esta etapa, la Compañía apeló al gobierno británico para que le ayudara. El gobierno británico, que entendía que el comercio del opio era ahora esencial para mantener una presencia comercial británica en Asia (e ingresos saludables para la propia Gran Bretaña), envió una flota de buques de guerra hacia el estuario del río Pearl en dirección Cantón – y así empezó la primera Guerra del Opio (1839-1842).

En ese momento, la filosofía económica del laissez-faire de Adam Smith era enormemente popular en Gran Bretaña, y las restricciones chinas sobre el comercio de opio sirvieron de ejemplo de restricciones comerciales desleales – una hipocresía asombrosa, dado que el monopolio de la Compañía de las Indias Orientales había desaparecido tan sólo cinco años antes.

En 1865, los británicos, con el apoyo de los franceses y los estadounidenses durante la segunda Guerra del Opio (1856-1860), habían tomado el control de Hong Kong, Shanghái y Nankín, y los habían abierto al comercio. El comercio de opio en China ya estaba plenamente establecido y con la firma de los «Tratados Desiguales» de Nankín, las importaciones se legalizaron completamente en virtud de la legislación china.

Estos tratados, junto con la inestabilidad social generalizada causada por la guerra prolongada y el número cada vez mayor de adictos, puso al poderoso imperio chino de rodillas. Lo que vendría después se conocería como el «Siglo de la Humillación», y su sometimiento a las potencias coloniales europeas. Con la última gran potencia no occidental derrotada, había comenzado de verdad la era de la supremacía occidental.

La Banca de la Droga en el Período Colonial

Thomas Sutherland, comerciante de opio y fundador de HSBC
Thomas Sutherland, comerciante de opio y fundador de HSBC

Pero ¿cuándo aparecen los bancos en esta sórdida historia de narcotraficantes, gobiernos y guerra? Hemos visto las pruebas que demuestran que los principales bancos juegan un papel fundamental en el blanqueo del dinero procedente de la droga en el mundo de hoy. Pero si toda la formación del sistema capitalista moderno depende de la compleja relación entre gobiernos, empresas y bancos, entonces los bancos también deben jugar un papel que se remonta a siglos atrás.

De hecho, al echar un vistazo a la historia de la banca durante e inmediatamente después de las Guerras del Opio, nos encontramos con un nombre familiar – la Corporación Bancaria de Hong Kong y Shanghái, ahora conocida en el mundo como HSBC.

Establecido por empresarios británicos en 1865, después de la segunda guerra del opio, el banco atendía las necesidades de los comerciantes británicos en China – en un momento en que el 70% del comercio estaba en el opio. De hecho, algunos miembros fundadores (en particular Dent & Co y Thomas Sutherland de P&O) hicieron su fortuna directamente del comercio del opio, mientras que era ilegal en virtud de la legislación china. Durante este tiempo, el opio se consideraba el producto más valioso del mundo.

Otros bancos participaron en la gestión de las ganancias obtenidas del opio en ese momento, incluidos Barings Brothers, Jardine Fleming Bank Ltd, y Hottinguer & Company. Estos bancos manejaron el dinero procedente del opio hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando el comercio se ilegalizó a nivel internacional – momento en el que su papel en el manejo del dinero de la droga acabó o pasó a ser clandestino.

El Surgimiento del Actual Blanqueo de Dinero

A medida que el comercio de drogas se volvía ilegal en todo el mundo, no sólo no se conseguía erradicarlo, sino que sencillamente pasaba a la clandestinidad, al igual que el comercio británico en China después de las prohibiciones chinas sobre el opio. Dado que los riesgos de operar como contrabandista de drogas aumentaban, también lo hacían las recompensas potenciales, y las mafias y los cárteles se establecieron rápidamente. Los gobiernos que antes habían expresado su apoyo, abiertamente, se distanciaron del narcotráfico y surgió una nueva era de retórica antidrogas.

Ahora que los ingresos de drogas eran ilegales a nivel internacional, se impusó la necesidad de blanquear dinero de forma significativa. Ya en la era de la Prohibición de los Estados Unidos en la década de 1920, se blanqueaban grandes cantidades de dinero ilegal. Después de todo, una de las mercancías más lucrativas de todos los tiempos – el alcohol – estaba prohibido entonces en Estados Unidos y los ingresos ilegales que llenaban las arcas de la mafia estadounidense emergente eran asombrosos.

El arte del blanqueo o lavado de dinero daba sus primeros pasos en aquel momento y, de hecho, el blanqueo de dinero, por sí solo, no se ilegalizó a nivel internacional hasta la década de 1980. Por eso, cuando Al Capone fue encarcelado en 1931, no fue por contrabando o blanqueo de dinero, sino por simple evasión fiscal.

Sin embargo, esto dio la señal a otros mafiosos de que las autoridades podían estar prestando atención a sus propios negocios, y el negocio del blanqueo de dinero comenzó a expandirse. El famoso mafioso judío Meyer Lansky enseguida empezó a transferir dinero ilegal a cuentas bancarias suizas, que estaban protegidas por la Ley de Secreto Bancario Suizo de 1934. Finalmente, creo su propio banco suizo en el extranjero y estableció un sistema de blanqueo de dinero, amplio y complejo, para acompañarlo.

Desde entonces, los bancos han demostrado, repetidamente, que siguen teniendo alguna participación en el tráfico ilegal de drogas. Ejemplos de ello son el Banco de Crédito y Comercio Internacional o BCCI, el Nugan Hand Bank, la sucursal de la Reserva Federal en Miami – todos activos durante los años setenta y ochenta, cuando el tráfico de cocaína en América Latina despegaba realmente.

Ahora, los sistemas de lavado de dinero han evolucionado hasta volverse muy complejos y complicados, compuestos de amplias redes de bancos y empresas que se extienden a través de decenas de países. El dinero de la droga se utiliza para comprar oro, diamantes, ropa, calzado, equipo agrícola y otros bienes legítimos, y resulta casi imposible seguir el rastro de los billetes.

Los Campos de Batalla de la Guerra contra las Drogas

Actualmente existen leyes internacionales que prohíben el blanqueo de dinero y el tráfico de drogas, junto con varios tratados que ilegalizan cualquier intento abierto por parte del gobierno de interferir en el mercado de otra nación soberana utilizando la fuerza militar.

Pero, aunque el colonialismo puede haber terminado de forma oficial, se han perpetuado ciertos patrones – lo que sigue enriqueciendo a las potencias excoloniales al transferir la riqueza del mundo «en desarrollo». Las drogas todavía representan una enorme fuente de riqueza, las empresas que se dedican al contrabando de drogas siguen canalizando grandes cantidades de dinero hacia la economía «occidental», los gobiernos todavía se involucran en guerras que perpetúan el comercio, y los grandes bancos y otros negocios «legales» siguen facilitando el proceso.

Dado que el equilibrio de poder se ha desplazado de Gran Bretaña a los EE.UU., los campos de batalla principales de la guerra contra las drogas también se han desplazado, del sudeste de Asia a América Latina. Ahora, la mercancía más valiosa del mundo ya no es el opio, sino la cocaína.

Soldado estadounidense patrullando un campo de opio en Afganistán (© Defense.gov)
Soldado estadounidense patrullando un campo de opio en Afganistán (© Defense.gov)

El Concepto Ambiguo de «Narcoestado»

Mientras que el colonialismo llegaba a su fin y las antiguas colonias conseguían la independencia nacional, el mundo era testigo de otro cambio socioeconómico fundamental. Los poderes coloniales estaban perdiendo el control sobre los ingresos de sus antiguas colonias, y las colonias estaban en una etapa, nueva e incierta, de la vida, y tenían una necesidad desesperada de llegar a ser autosuficientes a nivel financiero.

Aunque las grandes potencias occidentales estaban perdiendo el poder político absoluto en sus antiguos territorios, seguían manteniendo un gran poder económico, construido a lo largo de siglos de prácticas comerciales desleales. Para muchos de estos territorios, su mayor socio comercial hoy sigue siendo su antiguo colonizador – e invariablemente, las relaciones comerciales siguen siendo muy desiguales. De hecho, este fenómeno ha sido etiquetado de «neocolonialismo», y su efecto sobre la economía mundial es profundo.

Para algunas de estas antiguas colonias, dominios y territorios, las drogas destinadas a ser vendidas internacionalmente siguen constituyendo una gran parte de la economía nacional. En algunos países, la participación en el tráfico de drogas ha tenido un efecto enorme y visible en el desarrollo de sus economías. Así es como llegamos al concepto de «narcoestado», aunque (como tan meticulosamente se señalaba en The Myth of the Narco-State, P.A. Chouvy, 2015) la designación es ambigua y nunca se ha definido con claridad.

Sin embargo, hay varias similitudes claras entre los principales países productores de drogas. Por lo general, son países «en desarrollo», con una pobreza generalizada. Suelen ser políticamente inestables, y propensos a la agitación y a la violencia. Por lo general, suelen tener gobiernos débiles que pueden permitir, fomentar o incluso beneficiarse, directamente, del tráfico ilegalde drogas en diferentes grados. Con frecuencia, se desarrolla un sistema de mafias o cárteles, que se beneficiará de un profundo nivel de infiltración en las fuerzas del orden público y en el gobierno.

Además, los principales países productores de drogas normalmente tienen en marcha un complicado sistema financiero de blanqueo internacional de las ganancias procedentes del tráfico de drogas. Normalmente, también tienen una larga historia de explotación y subyugación por parte de un poder colonial. Dependen en gran medida de la ayuda exterior, lo que les deja expuestos a la intimidación y manipulación financiera a nivel internacional. Los países que se ajustan a esta descripción suelen estar situados en África, Asia y América Latina.

Mapa de los principales cárteles mexicanos y sus territorios (© DEA)
Mapa de los principales cárteles mexicanos y sus territorios (© DEA)

Demonizar a las Naciones Productoras de Drogas es una Herramienta Clave de Propaganda

Existe un mercado mundial de drogas, enorme e incesante, y un argumento «moral» para mantenerlas ilegales. Este argumento moral es muy convincente, y es una parte clave de la ostensible retórica que «justifica» la guerra contra las drogas.

Desde la época de la prohibición, los estados productores de drogas han sido etiquetados como narcoestados, convertidos en chivos expiatorios, y sometidos a la agresión militar de las grandes potencias, en particular de los EE.UU. Esta agresión militar se considera un intento de erradicar el tráfico ilegal de drogas, pero ahora hay muchas pruebas que sugieren que, de hecho, lo perpetúa, y proporciona a los narcotraficantes cada vez más poder e influencia.

En mayo de 2001, el grupo terrorista conocido como los Talibanes impusieron una prohibición a la producción de opio en Afganistán, lo que tuvo un profundo efecto en el mercado mundial del opio – reduciendo la disponibilidad y aumentando los precios de forma drástica. Meses después, se produjó la invasión por parte de los Estados Unidos … y los talibanes cambiaron su política sobre el opio, haciendo que la producción se disparara durante los años siguientes.

La producción de opio en Afganistán ha estado vinculada, desde hace mucho tiempo, con la financiación de organizaciones terroristas, en particular de los Talibanes, Al Qaeda y ahora ISIS. Por ejemplo, se ha informado ampliamente de que ISIS obtiene mil millones de dólares al año en ingresos procedentes de las drogas ilegales.

El Vínculo Dudoso Entre las Drogas y el Terrorismo

Sin embargo, al analizarlo más detenidamente, el argumento presenta defectos obvios. Sin duda, algunos de los beneficios generados por el tráfico ilícito de drogas se destinan a financiar grupos terroristas, pero se cree que es una pequeña fracción de la financiación total.

Según el Centro de Análisis del Terrorismo, ISIS obtuvo 2.400 millones de dólares en 2015, de los cuales 800 millones procedían directamente de impuestos a los ciudadanos que viven en los territorios que controlan, y otros 600 millones procedían del petróleo. Los restantes mil millones de dólares corresponden a una mezcla de fuentes, incluidos el secuestro y rescate, las antigüedades, las donaciones, la agricultura, la minería de fosfatos y el gas natural. Todos los ingresos obtenidos de las drogas parecen provenir de la imposición de impuestos a los productores de drogas, en lugar de proceder de la gestión de la producción de drogas.

Sí, los grupos terroristas pueden beneficiarse de la discreción y la liquidez del capital generado por las drogas, pero está claro que están lejos de ser los principales beneficiarios, y que las drogas representan una proporción insignificante de la financiación total. Los Talibanes pueden ser una excepción aquí, con hasta un 40% de su financiación proveniente de la heroína afgana (posiblemente más del 60% del mercado). Pero los ingresos anuales totales de los Talibanes representan menos de un cuarto de los ingresos de ISIS, y se cree que reciben mayores cantidades totales directamente de Pakistán y los estados del Golfo.

Soldados del Ejército Mexicano en una operación contra miembros del cártel en Michoacán
Soldados del Ejército Mexicano en una operación contra miembros del cártel en Michoacán

Los Principales Beneficiarios del Tráfico de Drogas

Con un comercio por valor de más de 320.000 millones de dólares al año, incluso si ISIS (la «organización terrorista más rica del mundo») ganase $ 1 mil millones anualmente (y la evidencia sugiere que no es así), las organizaciones terroristas juegan un papel secundario en el tráfico internacional de drogas. Los principales beneficiarios son los cárteles de la droga, junto con los bancos y las empresas que hacen negocios con ellos.

Sólo para hacer una comparación – se cree que el cártel de Sinaloa gana $ 3 mil millones por año, y que los cárteles latinoamericanos juntos pueden ganar hasta $ 64 mil millones anuales, casi en su totalidad procedentes del tráfico de cocaína (con pequeños porcentajes derivados de otras drogas ilegales).

Todo el sistema financiero global sigue beneficiándose del comercio y del tráfico de drogas ilegales, manteniendo a los países productores de drogas atrapados en un ciclo de inquebrantable dependencia económica. Esto se ve además facilitado por las grandes cantidades de ayuda internacional, que mantienen a las naciones productoras de drogas sometidas a los caprichos económicos de sus acreedores internacionales.

«Count The Costs», una organización internacional que presenta un «Informe Alternativo Mundial sobre las Drogas», dice:

«A nivel mundial, se gastan más de 100.000 millones de dólares al año en la lucha contra la droga, lo que equivale aproximadamente al total gastado por los países ricos en ayuda exterior. Los Estados Unidos y otros países han desviado la ayuda al desarrollo de donde sería más eficaz, difuminándola en el gasto militar de sus aliados en la guerra contra las drogas – sobre todo en América Latina.»

Esto apunta a la naturaleza profundamente defectuosa y desigual de nuestro modelo económico actual. También sugiere que lo que se requiere para acabar, de manera efectiva, con el tráfico ilícito de drogas es el establecimiento y mantenimiento de un sistema económico que no dependa de una reserva de efectivo ilegal, a la que recurrir cuando los mecanismos habituales fallan, y que no se base en la explotación insostenible de las naciones más débiles.

Actualmente, estamos experimentando cambios fundamentales en la economía global, y algunos economistas creen que la era de la supremacía económica occidental está llegando a su fin. A medida que continúa esta fase de transición, es probable que veamos cambios radicales en el tráfico de estupefacientes. La tendencia actual hacia la legalización y la regulación del cultivo comercial más valioso del mundo – el cannabis – puede ser un aspecto de este cambio fundamental.

Si quieres leer parte 1 del artículo, siga este enlace.

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