El gobierno del Reino Unido hace caso omiso de los consejos de sus propios expertos en drogas


Theresa May: las drogas “destruyen vidas y generan un sufrimiento indescriptible.”
Theresa May: las drogas “destruyen vidas y generan un sufrimiento indescriptible.”

El jueves pasado, el Consejo Asesor sobre el Uso Indebido de Drogas del Reino Unido (CAUID) votó a favor de la despenalización de drogas (incluidas todas las drogas ilícitas) para reducir los costes legales e incorporar a los infractores a un programa de prevención y educación en lugar de llevarlos a procedimientos judiciales y a la cárcel.

El papel del CAUID consiste en aconsejar al Gobierno sobre su política en materia de drogas y sustancias adictivas.
El comité está compuesto de expertos cuyo objetivo es ofrecer asesoramiento científico sobre el consumo de drogas y permitir que el gobierno, a pesar de no tener conocimientos específicos de este tema en particular, tome decisiones informadas. Desgraciadamente, parece que el Ministerio del Interior británico solo tiene en cuenta la opinión de este Consejo cuando coincide con sus políticas (en 2009, el director del consejo del CAUID, el Profesor David Nutt, fue despedido por sus críticas a la política del Gobierno sobre el cannabis).
La respuesta de la responsable del Ministerio del Interior británico, Theresa May, fue tajante y desdeñosa. El gobierno no dará “luz verde” al consumo de drogas porque “destruyen vidas y causan un sufrimiento indescriptible”.
A parte del hecho de que el CAUID nunca propuso que se diera luz verde al consumo de drogas, más bien al contrario, la segunda parte del comentario resulta sorprendente.

El cannabis es mucho menos peligroso que el alcohol
El consumo de alcohol en el Reino Unido es de cerca de 11 litros de alcohol puro por persona y año. 11 l de alcohol puro equivalen aproximadamente a 200 l de cerveza con una graduación de 5%, es decir, 4,2 litros por semana. Dado que se trata de un promedio, ello indica que parte de la población no bebe nada de alcohol, mientras que otros beben excesivamente, de modo que se perjudican a sí mismos y ponen en riesgo sus vidas y sus familias. El Gobierno mantiene el estatus legal del alcohol, a pesar del hecho de que el alcohol destruya vidas y cause un sufrimiento indescriptible con una eficacia mucho mayor que (por ejemplo) el cannabis.
Si los argumentos de la ministra son sinceros, también habría que luchar contra el problema del consumo de alcohol, que en muchos aspectos es comparable a una droga ilegal de tipo A o B (las drogas ilegales más penadas en el Reino Unido, que abarcan desde la heroína hasta el cannabis): es adictivo, suficientemente tóxico para matar en grandes dosis y su uso social va del uso ocasional y esporádico a un abuso excesivo. Sin embargo, el gobierno deja que la gente regule su propio comportamiento respecto al alcohol, y el pueblo en su mayoría se indignaría si se le arrebatara este derecho.
El argumento científico para la despenalización de todas las drogas ilegales es que una iniciativa como esta ayudaría a la población porque reduciría los riesgos asociados a su uso, recortaría el desorbitado gasto y los a menudo innecesario costes legales para los contribuyentes y permitiría que la policía y los jueces se centraran en los delitos más graves.

Si el alcohol no es una fuente de preocupación para el Gobierno británico, no hay razón para negar una opinión experta que propone aplicar los mismos principios a otras sustancias que no necesariamente son más peligrosas. Vender alcohol en un supermercado no es dar luz verde al alcoholismo; por lo tanto, ¿por qué dar un trato distinto a otras drogas?

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