Alan Dronkers: ¿Se puede confiar en el King's College?

Así que cuando el famoso experto en adicciones, Wayne Hall, presentó recientemente las conclusiones de un proyecto de investigación de 20 años, realizado en el King’s College de Londres, conclusiones en las que afirmaba que el cannabis es tan adictivo como la heroína, sólo caben dos verdaderas conclusiones científicas: una, Wayne vendió su alma hace mucho tiempo, y dos, ya no se puede confiar en el King’s College.

Cuando la humanidad definió la metodología de la ciencia, trataba de alejarse de las especulaciones e ideas motivadas por la religión. Así, a través de la medición y del método, nosotros, como seres humanos, pretendíamos descubrir la verdad que se esconde detrás de las manifestaciones de la naturaleza y de la realidad.

Cornwall House (Casa Cornwall), del King's College, Londres. (Foto: www.CGPGrey.com)
Cornwall House (Casa Cornwall), del King’s College, Londres. (Foto: www.CGPGrey.com)

Estos métodos y mediciones tenían que ser reproducidos por otros científicos para confirmar estas «nuevas» realidades. Así, desde Newton a Hawkins, el método, la medición y las matemáticas son la base de la ciencia. Y todos nosotros desarrollamos la confianza y el respeto por los científicos que realizaban trabajos tan buenos y fiables, cambiando, en última instancia, nuestras ideas sobre la realidad y dando como resultado una revolución tecnológica. Sin embargo, sin tardar mucho, esta confianza iba a ser explotada por las grandes empresas y la política por igual. De repente, todo lo que hacía falta era un hombre con una bata blanca en un laboratorio para anunciarle al público un detergente en polvo y para que nuestras mentes condicionadas se creyeran lo que se dijera, aunque sólo fuera a nivel del subconsciente.

Los empresarios industriales y los políticos no están tan interesados en descubrir ciertas verdades, sino más bien en vender un producto o una idea. Si quieren convencer a las masas, pueden hacerlo o bien a través de los denominados sondeos (si muchos piensan así, debe ser verdad) o por medio de algún catedrático (si es científico, debe saberlo). A día de hoy, los científicos también tienen que ganarse la vida, y ¿adivina quién les paga?… Bueno, para que quede claro, cuando trabajan para una universidad, ¿quién financia sus proyectos?… Una y otra vez vemos cómo se presiona para que determinados temas de investigación salgan adelante, mientras que otros se desestiman, por lo general, porque van en contra de los intereses políticos y/o empresariales.

Así que, para decirlo sin rodeos, la ciencia parece haber perdido su curiosidad por descubrir la verdad, cuantificable y sin adulterar, para la que se creó el método científico. Las mediciones ahora sólo son importantes cuando se utilizan para respaldar una determinada idea. Buscar la verdad cada vez exige más apoyo económico porque hace falta investigar más para descubrirla. Lo que, a día de hoy, más preocupa a los científicos de nuestros tiempos es: «¿Cómo vamos a comer mañana si descubrimos la verdad hoy?». Para garantizar su supervivencia económica, todos están demasiado dispuestos a vender sus mentes a los intereses de la industria y de la política. ¿Y no es esto, entonces, una forma de prostitución? En cualquier caso, las instituciones educativas han estado dispuestas a sacrificar la necesidad de la verdad a cambio de un beneficio económico, sin importarles el sufrimiento que sus actos pueden causar.

Profesor Wayne Hall de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Foto: JIFE
Profesor Wayne Hall de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Foto: JIFE

Así que cuando el famoso experto en adicciones, Wayne Hall, presentó recientemente las conclusiones de un proyecto de investigación de 20 años, realizado en el King’s College de Londres, conclusiones en las que afirmaba que el cannabis es tan adictivo como la heroína, sólo caben dos verdaderas conclusiones científicas: una, Wayne vendió su alma hace mucho tiempo, y dos, ya no se puede confiar en el King’s College.

Después del anuncio de Hall, todos los periodistas, los sensacionalistas y los de los medios tradicionales, se subieron al carro como moscas en el estiércol. Los maestros en el arte de la amnesia selectiva y la indignación selectiva, todos dispuestos a sacrificar la verdad por la guerra (que incluye la guerra contra las drogas), todos estaban más que decididos a copiar sus resultados sin revisar, ni comprobar, los hechos. Reconocer a Wayne Hall como especialista en adicciones, cuando ni siquiera él mismo reconoce que la interrupción repentina del consumo de heroína y de alcohol puede conducir a la muerte instantánea, resulta sorprendente puesto que el cannabis simplemente no puede hacer esto. No importa cuánto consumas, o hayas consumido, antes de decidirte a dejar de hacerlo, la dependencia del cannabis no puede matarte. Sin embargo, este simple hecho no se cuestionaba en la mayor parte de la información dada por los medios.

Hoy sabemos científicamente de qué forma no es tóxico el cannabis y que el cuerpo humano contiene su propio sistema endocannabinoide (cannabinoides producidos por el cuerpo humano) por lo que estos argumentos de los daños físicos, sencillamente, ya no funcionan. A día de hoy, los prohibicionistas están atascados en aludir a una posible adicción o un vínculo entre el consumo de cannabis y el desarrollo de enfermedades psicológicas, como la psicosis, la esquizofrenia y una disminución de los resultados escolares, argumentos que hacen que los verdaderos científicos sigan guiándose por su brújula moral, como el profesor emérito y prestigioso psiquiatra de la Facultad de Medicina de Harvard, Lester Grinspoon, casi nada.

Profesor David Nutt de Drug Science, del Comité Científico Independiente sobre Drogas. (Foto: ISCD)
Profesor David Nutt de Drug Science, del Comité Científico Independiente sobre Drogas. (Foto: ISCD)

A cualquier periodista británico, que se precie de serlo, todavía debería sonarle lo que pasó con el famoso profesor David Nutt y su equipo científico hace apenas unos años. Le despidieron del proyecto de investigación de drogas que realizaba para el gobierno, ya que, al parecer, en realidad el gobierno no quiere conocer la verdad sobre las drogas. Es curioso que al final se confirmase que Nutt trabajaba para el gobierno, aunque en contra de las políticas gubernamentales, simplemente porque no estaba dispuesto a cambiar la ciencia para que su historia sobre los peligros de las diferentes drogas encajase. Puedes encontrar un montón de material relacionado con el profesor David Nutt en Internet, donde se cuestiona el papel de la ciencia en la política.

En Holanda, tenemos una política actual que también se basa en datos científicos erróneos (el informe de la comisión Garretsen), que, en este mismo momento, afirma que el cannabis con un contenido de THC más alto del 15% es una droga dura. Toda la oposición científica ante el informe se ignora, en favor de las medidas políticas represivas que nada tienen que ver con la realidad. Sólo espero que toda la fiabilidad y credibilidad de este hombre y su universidad se vean perjudicadas en la medida en que la gente lo vea como lo que realmente es: corrupción.

Ahora bien, si esta historia te entristece, simplemente echa un vistazo a los comentarios que siguen a estos artículos cuando se publican en Internet. Todos empezamos a darnos cuenta de que la denominada ciencia contaminada existe y de que las masas ya no ceden con la misma facilidad con la que a la industria y a la política le gustaría.

Ahora es el momento para que los científicos y periodistas se pongan al día, y si no lo hacen, cada vez veremos más claro lo corruptos que son y que sus palabras no son ciencia, sino verdadera propaganda.

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    Sensi Seeds

    El equipo editorial de Sensi Seeds incluye botánicos, expertos médicos y legales, además de activistas de renombre como el Dr. Lester Grinspoon, Micha Knodt, Robert Connell Clarke, Maurice Veldman, Sebastian Marincolo, James Burton y Seshata.
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