by Seshata on 20/05/2015 | Legal & Política

Cómo el cannabis se ha dirigido hacia el oeste

movimiento del cannabis Durante la última década, aproximadamente, el epicentro del movimiento del cannabis en el mundo desarrollado se ha desplazado, definitivamente, del norte de Europa al oeste de los EE.UU., en particular a los estados de California y Colorado. ¿Qué factores han intervenido en este cambio fundamental y qué le depara el futuro a la industria del cannabis en cada zona?


La época previa a la Prohibición

Para entender la actual situación mundial del cannabis, tenemos que analizar, más o menos, los últimos doscientos años de su historia. Antes de la prohibición del comercio de cannabis, la planta era una parte fundamental de la farmacopea moderna a ambos lados del Atlántico, y en gran parte del resto del mundo.

Podría decirse que esta situación se produjo como resultado del imperialismo europeo, que había desarrollado y mejorado las relaciones comerciales entre los imperios europeos y sus territorios del sur y del sudeste asiático. Allí, el cannabis de gran potencia crecía de forma natural, y las poblaciones nativas lo llevaban cultivando durante siglos con fines medicinales, recreativos e industriales.

Esta foto, tomada en un jardín de París en 1910, demuestra lo relajadas que eran las actitudes europeas hacia el cannabis en otros tiempos

De hecho, el eminente médico irlandés William B. O’Shaughnessy llevó a cabo su trabajo pionero sobre el cannabis, como miembro de la administración británica en la India, en las décadas de 1830 y 40. Ya en la década de 1850, los médicos y veterinarios de Europa, Canadá, EE.UU. y otros muchos países utilizaban medicamentos a base de cannabis, de forma generalizada, apoyándose en el trabajo de O’Shaughnessy, y no pasó mucho tiempo antes de que surgiese, además, una cultura definida del uso recreativo.

Para la década de 1880, se podían encontrar salones, de estilo oriental, donde se consumía cannabis en todas las ciudades importantes a lo largo de la costa este de los EE.UU., propiciado, en parte, por la gran cantidad de inmigrantes asiáticos del país que fueron capaces de trasladar su cultura de fumar intacta a su nuevo hogar. En Europa, los salones de hachís eran escasos (y generalmente frecuentados por artistas y poetas inconformistas al margen de la sociedad), siendo el famoso Club des Hashischins de París uno de los pocos establecimientos destacables. Sin embargo, debido a su proximidad a Asia Menor, el hachís distaba mucho de ser un desconocido para la Europa contemporánea, sobre todo en los círculos cultos.

Prohibición

La prohibición del cannabis se acordó internacionalmente, por primera vez, en una revisión realizada en 1925 al tratado de la Liga de las Naciones de 1919, la Convención Internacional del Opio. La enmienda propuesta inicialmente prohibía por completo la venta, el uso y la producción de cannabis o hachís. Tras las protestas de la India, cuya economía por aquel entonces dependía en gran medida del cannabis, se llegó a un compromiso que simplemente prohibía el comercio internacional (excepto para uso médico o científico), al tiempo que permitía que cada país mantuviese un mayor control sobre sus industrias nacionales. La enmienda fue propuesta por Egipto, que intentaba con todas sus fuerzas alinearse con los considerados como valores occidentales y romper con la cultura del consumo de cannabis que había surgido durante los siglos de dominio islámico, y fue apoyada por China y EE.UU..

La aplicación de la prohibición del cannabis se produjo casi al mismo tiempo en la mayoría de los países firmantes originales de la ley, aunque la forma y medida en que se pusieron en marcha las nuevas normas difieren mucho entre los diferentes países. En los EE.UU., el inicio de la era de la prohibición coincidió con una tendencia general hacia el puritanismo y la religiosidad que había surgido en los años anteriores, y los esfuerzos para acabar con el consumo de estupefaciente fueron rápidos, de gran alcance, y muy duros.

La reacción ante la prohibición en los EE.UU.

Ya en la década de 1850, el cannabis era un ingrediente común en la medicina humana y veterinaria.

Es importante reconocer que la tendencia hacia el endurecimiento de las regulaciones sobre el cannabis comenzó mucho antes que se modificase la Convención Internacional del Opio de 1925. Varios estados ya habían promulgado leyes (empezando por Nueva York en 1860) restringiendo la venta de los medicamentos a base de cannabis sólo a los que tuvieran una receta, y convirtiendo la posesión en un delito menor para los que no dispusieran de receta. Cuando la nueva legislación internacional entró en vigor, simplemente aceleró la tendencia. En 1932, se aprobó la Ley Estatal Uniforme sobre Narcóticos (basada en la Convención Internacional del Opio), cuyo objetivo era establecer un sistema universal de regulaciones, sin embargo, no permitía a los estados controlar el comercio. No fue hasta 1937, con la aprobación de la Marijuana Tax Act (Ley del Tasación de la Marihuana), cuando los estados consiguieron un marco con el que controlar el comercio, ahora ilícito.

Después de haber disfrutado de casi un siglo de libertad total para utilizar el cannabis en sus medicamentos, muchos médicos y veterinarios de los EE.UU. se sintieron profundamente indignados con la nueva legislación, y varios sindicatos y organizaciones médicas (como la Asociación Médica Americana, la mayor organización profesional del país para los médicos) expresaron su descontento, junto con la opinión de que la ley era innecesaria y perjudicial para la investigación científica. Sin embargo, a pesar de sus protestas, las restricciones continuaron.

La opinión pública con respecto al cannabis durante la época de la prohibición de los Estados Unidos es difícil de medir. Como el cannabis era, principalmente, una droga de las clases trabajadoras formadas por los inmigrantes, se prestaba poca atención a sus reacciones (en comparación con las de las clases medias, como su fuerte respuesta ante la ilegalización del alcohol en 1920). Está claro que, a partir de finales de la década de 1930 y en adelante, la retórica contra el cannabis se había generalizado tanto como para hacer llegar cualquier punto de vista alternativo a la franja más radical de la sociedad norteamericana. En la década de 1960, el auge del sentimiento anti cannabis que ya había causado la aprobación de la estricta Convención Única de Estupefacientes de las Naciones Unidas comenzó a decaer, y la opinión pública empezó a suavizarse (con la llegada de la época hippie).

Las restricciones sobre las drogas en Europa

En Europa, los esfuerzos para instaurar la prohibición fueron más irregulares, con diferentes niveles de éxito según el lugar. Varios países europeos se vieron afectados por la prohibición del comercio internacional de cannabis, y aquellos países que ya poseían una industria del cannabis establecida (ya sea una economía enteramente nacional, como la de Grecia donde los agricultores de Kalamata habían producido un hachís de reconocida calidad, o una economía de importación, como la del Reino Unido) permitieron que continuara sin obstáculos durante años, e incluso décadas en algunos casos.

La Ley de Tasación de la Marihuana de 1937 marcó una intensificación de la retórica contra las drogas.

Durante el siglo XX, las actitudes europeas hacia las drogas, y hacia la propia prohibición, pasaron por un período de rápida evolución, que fue desde la plena legalidad a principios de siglo, a la ilegalidad nominal en la década de 1920, pasando por la estricta prohibición puesta en marcha que empezó en la década de 1930, por la relajación de las actitudes en los años 1960 y 1970, para volver a endurecer las políticas durante la década de 1980.

Por supuesto, cada país ha seguido su propio camino, en cierto modo, y ahora Europa está dividida aproximadamente entre las naciones como los Países Bajos, Portugal y Suiza (que están muy a favor de rehabilitar en lugar de criminalizar a los consumidores de drogas) y el Reino Unido y Francia (que todavía mantienen castigos duros destinados a actuar como medidas preventivas).

El auge de la cultura europea del cannabis

Los movimientos de la contracultura de los años 1960 y 1970 fueron fundamentales para la formación del movimiento moderno a favor de la legalización del cannabis en Europa y América, y consiguieron algunos éxitos en ambos continentes. En los EE.UU., la década de 1970 vivió una ola de despenalización promulgada en varios estados de Estados Unidos, tales como Alaska y Oregón. Sin embargo, fue en Europa donde se lograron los mayores avances hacia la libertad personal, siendo la consecuencia más evidente de este nuevo liberalismo el establecimiento de los coffee shops (y poco después, la legislación que legitima su existencia) en los Países Bajos.

Suele ocurrir que a medida que un lado del charco se vuelve más restrictivo socialmente, el otro lado le sigue el juego un poco más tarde. Podría afirmarse que éste es el caso de algunos países europeos como Grecia e Italia, que tienen políticas de drogas, extremadamente draconianas, que han empezado a relajarse hace poco tiempo. Por otro lado, lo que sucede también es que a medida que una sociedad se vuelve más restrictiva, otras zonas se vuelven más permisivas en un intento por diferenciarse y no ser relacionadas con actitudes represivas. Sin duda, este fenómeno ha influido en la evolución de la política de drogas, en general, en los países más progresistas, como los Países Bajos, Portugal, España y la República Checa.

Europa se avergüenza de su decadencia

Harry J. Anslinger fue decisivo en la formación del rabioso sentimiento antidrogas de los EE.UU.

Como si sintiera vergüenza por su comportamiento pasado, licencioso y laxo, en general Europa ha dado un paso hacia atrás en los últimos años en términos de política de drogas. Mientras que varios países, como Suiza y España, han liberalizado sus leyes, en cierto grado, los Países Bajos (durante tanto tiempo el líder de la libertad personal en lo que respecta al consumo de drogas) se han vuelto notablemente más estrictos, y varios países (entre ellos el Reino Unido y Alemania) han retrocedido desde posiciones previas más favorables y han empezado a endurecer sus leyes.

El ascenso de la Unión Europea ha tenido diferentes efectos sobre la actitud europea global hacia las drogas. Si bien ha permitido el desarrollo de una actitud más tolerante y progresista hacia la rehabilitación de los infractores por drogas en lugar de la penalización, también ha mantenido una actitud un tanto conservadora hacia el concepto de permitir el uso de narcóticos, como el cannabis, por motivos de elección personal. Además, la influencia de los países más restrictivos de la UE durante los últimos años ha hecho que sea extremadamente difícil para los Estados miembros, más relajados, implementar políticas más progresistas, y ha provocado que los Países Bajos hayan recapitulado ante la presión externa y endurecido sus leyes en más de una ocasión.

Al mismo tiempo, los EE.UU. comienzan a relajarse

Desde la aprobación de la Proposición 215 de California (la Ley de Uso Compasivo de California, que legalizó el uso médico del cannabis para los residentes de California) en 1996, ha habido una tendencia general hacia la relajación de las legislaciones de drogas estatales en todos los EE.UU.. Una tendencia que se aceleró a mediados de los años 2000 y finalmente culminó en la actual “Green Rush” (“Fiebre Verde”) con la aprobación de la enmienda 64 de Colorado y la Iniciativa 502 de Washington en noviembre de 2012.

Los coffee shops holandeses marcaron la cúspide del pensamiento progresista europeo, y ahora se ven amenazados por el aumento del conservadurismo una vez más.

Existen ciertas semejanzas entre el final de la prohibición del alcohol y el inminente fin de la prohibición del cannabis, pero también se dan varias diferencias clave. La más importante es que el alcohol nunca fue declarado ilegal por decreto internacional. Así pues, el poder para poner fin a la prohibición del alcohol estaba en manos de los legisladores estatales y federales, mientras que el poder para terminar con la prohibición del cannabis sólo puede estar en manos de los delegados de las propias Naciones Unidas.

Sin embargo, mientras que la cuestión del derecho internacional ya ha demostrado ser un punto de fricción, se dispone de pruebas amplias que sugieren que la incipiente industria del cannabis estadounidense está influyendo en los cambios en la legislación, y sus miembros seguirán presionando los límites de la ley hasta que estos cedan.

La situación actual

Ambos lados del Atlántico han seguido tendencias, más o menos ,parecidas durante los dos últimos siglos, con ciertas diferencias clave que hacen que cada uno llegue a ser, más o menos, represivo en determinados momentos. Estas diferencias no provienen sólo de los cambios en la opinión pública, sino también que también tienen que ver con el sistema político y la agenda de los legisladores.

Actualmente, los EE.UU. están a la cabeza en términos de aceptabilidad del cannabis, aunque esto varía ampliamente entre los estados. Los estados más represivos son, posiblemente, peores para los que comenten un delito relacionado con las drogas que incluso los peores sistemas europeos (desde luego, en lo que respecta a las tasas de encarcelamiento), pero los estados más permisivos son mucho más liberales que cualquier país de Europa.

Al mismo tiempo que Europa endurece sus leyes, los EE.UU. han dado varios pasos agigantados.

Europa ha pasado de una postura previa de defensa del liberalismo y de carácter progresista, a seguir, a día de hoy, una tendencia a tomar medidas drásticas contra el cannabis, en parte como respuesta a los acontecimientos que se han producido al otro lado del charco. La investigación sobre las propiedades medicinales del cannabis empieza a intensificarse, y las empresas, como la denostada compañía británica menudo GW Pharmaceuticals, están haciendo grandes progresos en la legitimación del cannabis medicinal en toda Europa. Sin embargo, muchos critican este enfoque, que permite que una sola empresa se beneficie del cannabis medicinal (administrado de una forma que muchos consideran ineficaz) al mismo tiempo que se mantiene la ilegalidad de la propia planta.

¿Qué depara el futuro?

A menos que se produzca algún cambio radical en la opinión pública, es probable que la tendencia hacia la liberalización de las leyes relativas al cannabis continúe en los EE.UU. hasta que el gobierno federal se vea obligado a reconsiderar su legislación nacional, lo que supondrá dejar la Convención Única de Estupefacientes de la ONU (y posiblemente solicitar el reingreso con excepciones, como hizo con éxito Bolivia en 2013 con respecto al tema de la tradicional coca de mascar).

Si los EE.UU. dejan la Convención Única de las Naciones Unidas, puede provocar que le imiten suficientes países como para que el Convenio se modifique, una tarea difícil, pero que puede ocurrir si existe suficiente consenso. Si esto ocurre, el escenario está preparado para un cambio radical en la política global de drogas, pero si no sucede, la comunidad mundial del cannabis, seguramente, seguirá en el limbo en el que se encuentra ahora durante las próximas décadas.

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