by Micha on 01/02/2017 | Legal & Política

El cannabis sólo se legaliza con fines medicinales – un espejismo y sus consecuencias

Espejismo En Europa, actualmente existe un consenso político entre partidos: no hay problema con el cannabis, siempre y cuando se utilice con fines medicinales. Cualquier otra cosa debe seguir prohibida y, en ese contexto, mucha gente intenta con ahínco mantener los dos debates bien separados entre sí. Ninguno de los grandes partidos de derechas, investigadores en adicciones, médicos e incluso asociaciones de pacientes adoptan una postura prohibicionista cuando se habla de volver a legalizar el cannabis. "Esta cuestión", dicen siempre, "no tiene nada que ver con la otra cuestión. El uso medicinal del que hablamos es para reducir los síntomas de la enfermedad, el uso recreativo sólo tiene que ver con el efecto psicoactivo".


El cannabis sólo se legaliza con fines medicinales – un espejismo y sus consecuencias - Sensi Seeds Blog

¿Cuál es la eficacia del cannabis como medicación sin legalización?

Al observar la división queda patente que esta visión miope perjudica a los pacientes de cannabis más que beneficiarles, y al final del día, inevitablemente conducirá a la regulación del cannabis en todas sus formas y usos. A mediados de la década de 1990, cuando California puso todo en marcha al convertirse en el primer estado de Estados Unidos en legalizar las flores medicinales de cannabis, las personas que usaban cannabis medicinal eran principalmente las que padecían enfermedades graves como SIDA, cáncer y otras afecciones mortales; para cuando se volvió a plantear la cuestión de la legalización, casi todos los residentes que querían fumar cannabis ya se habían hecho con una receta. Hay dos razones para esto. En primer lugar, hay una lista en constante expansión de zonas donde puede utilizarse el cannabis medicinal y se ha producido un gran aumento del número de pacientes con el creciente número de síntomas relevantes. El cannabis ha demostrado ser uno de los analgésicos más seguros, y sólo en Alemania hay más de dos millones de personas que sufren dolor crónico. En California, no les gusta hablar de la segunda razón, pero todo el mundo allí sabe que, a lo largo de los años, las farmacias o dispensarios de cannabis han vendido flores de cannabis cada vez a más personas que no habrían necesitado una receta si el cannabis fuera legal. Esto es prácticamente imposible en Alemania – gracias a unas leyes muy estrictas – pero era algo que ocurría de forma cotidiana en estados de los EE. UU. como California u Oregón mucho antes de que el cannabis se legalizase para uso recreativo. Después de todo, cualquiera que pueda elegir entre mentir a un médico o arriesgarse a una pena de cárcel optará por lo primero, sea cual sea su código ético.

Las asociaciones de pacientes están de acuerdo: el acceso al cannabis medicinal se complica de forma innecesaria mediante el proceso de realizar pruebas individuales que duran varios meses y los medicamentos a base de cannabis deben tratarse como cualquier otra forma de medicación. Los legisladores alemanes lo han aceptado parcialmente, y han aprobado una nueva ley en virtud de la que pronto se podrá prescribir cannabis como cualquier otro medicamento.

Evitar la ruta californiana

Dicho esto, ponte brevemente en la piel de un aficionado al cannabis de Baviera o Baden-Württemberg. Dondequiera que la policía sigue estigmatizando a los consumidores de cannabis, procesándoles, retirándoles el permiso de conducir y exponiéndoles al rechazo social, una ley como esta puede hacer caer en la tentación de usarla mal. Después de todo, siempre que te puedan condenar a años de prisión por la posesión de unos pocos gramos de hierba con consecuencias como la pérdida del carnet de conducir, además del castigo real, es muy probable que sigan existiendo los llamados pacientes falsos. Existen, después de todo, a pesar de las muchas medidas de precaución, en el caso de muchos otros medicamentos recetados, y eso sin mencionar el abuso de psicofármacos, opioides y otras sustancias peligrosas con la complicidad de los médicos. Pero la posibilidad de reducir ligeramente las cifras de abuso no debería ser una razón para negar el acceso – ni siquiera para ponérselo más difícil o más complicado – a la gran mayoría de los pacientes que necesitan este medicamento.

Además, California votó a favor de la legalización porque era un secreto a voces que no había otra manera de evitar que se abusara de unos programas de cannabis medicinal que llevaban 20 años en marcha. Al final de la última década, cuando se esperaba que el cannabis «recreativo» siguiera siendo ilegal durante mucho tiempo, el cannabis ya se había convertido en la «principal cosecha» que aportaba los beneficios más altos en California. Una situación así despierta la codicia de todos los bandos, que durante años se habían estado oponiendo a una base legislativa desastrosa. Desde que la legalización entró en vigor a principios de año, los cultivadores californianos – que pueden cultivar y vender cannabis legalmente a los vendedores especializados – ya no tienen que vender el excedente de hierba a las farmacias de cannabis. Los consumidores que lleven hierba en los bolsillos ya no tienen que preocuparse por la policía ni por su carnet de conducir, y no tienen que seguir mintiendo a su médico de cabecera. En pocas palabras, no ha cambiado mucho, pero por lo menos ahora se puede hablar abiertamente de las cosas, y los que consumen y/o producen cannabis también se encuentran en una situación legal bien definida, incluso cuando se deja fuera la palabra «medicinal».

Pero incluso en los estados de los Estados Unidos donde el cannabis es legal, no se ha resuelto el problema por completo. Como sus programas de cannabis se desarrollaron totalmente fuera de los sistemas sanitarios estatales, ahora las flores medicinales de cannabis se venden en las mismas tiendas que el cannabis para la relajación, a menudo en la misma sala y en la misma estantería. Ahora bien, cualquiera que se presente con una receta no paga impuestos sobre su compra, que – dependiendo de la ciudad y del estado – pueden representar hasta un 20% del precio.

Mismo tren, compartimentos diferentes

Muchos estados de los Estados Unidos y muchas provincias canadienses ya han reconocido la complejidad del problema. Los médicos y los pacientes están más preocupados por el abuso de su estatus especial y por la investigación médica básica si el cannabis no se legaliza, que por enzarzarse con los activistas del cannabis. En Alemania, los Países Bajos y otros países de la UE con leyes sobre el uso de cannabis para medicarse, suele parecer que quienes se ocupan del cannabis de una manera científica y médica quieren evitar que se les agrupe junto a los fumadores estereotípicos de la sustancia. Pero precisamente por eso a quienes les gusta dar una calada a un porro después del trabajo se les debe dar la oportunidad de situar sus intereses legítimos en la agenda política, junto con los del cannabis medicinal. Los políticos, los médicos, los investigadores en cannabinoides, los investigadores en adicciones y los pacientes que alzan su voz a favor del cannabis como medicina, pero que actúan como si la legalización del cannabis no tuviera nada que ver con ellos, están bloqueando la investigación básica necesaria. Este es el único elemento que hay en riesgo – y no la juventud ni la salud – si los temas hermanos de «medicinal» y «recreativo» no se separan de forma limpia enseguida, sin riesgo de represión. Nos guste o no, estamos sentados en dos compartimentos del mismo tren.

La mejor manera de separar los mercados sería un híbrido de los sistemas estadounidenses y europeos. El cannabis medicinal se cultivaría bajo una supervisión estricta y se vendería como cualquier otro medicamento, es decir, a través de farmacias o de un sistema sanitario estatal equivalente. El cannabis que los adultos quieran adquirir para uso recreativo se vendería a través de tiendas especializadas, autorizadas y estrictamente reguladas – como ocurre en los EE.UU. Esta es también la misma postura que se ha tomado en Alemania para el cultivo y la venta de hierbas medicinales tales como la manzanilla, la salvia o la menta. Se aplican normativas mucho más estrictas al cultivo y a los niveles mínimos/máximos de los productos vendidos en las farmacias, que a los vendidos como hierbas para infusiones en el supermercado local.

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