by Miranda on 11/06/2014 | Legal & Política

LA GUERRA CONTRA “CIERTAS” DROGAS – Parte I

GUERRA "En la guerra, la verdad es la primera víctima.", Esquilo,dramaturgotrágicogriego, 525-546a. C. Desde luego, en la antigua Grecia ya sabían lo que siglos de historia se han encargado de demostrar después, y es que, además de todos los desastres que conlleva cualquier guerra, hay que añadir a la lista cómo disminuye o incluso desaparece el interés por la verdad. Esto ocurre debido a las falsedades dictadas por otro tipo de intereses y alentadas por una credulidad que surge del miedo, que a su vez es utilizado como una forma de control.


Cuando se trata de analizar la actual “Guerra contra las Drogas”, no resulta complicado reconocer como, una vez más, la verdad, en este caso, la verdad sobre las drogas, ha sido la primera víctima de una guerra que ya dura demasiado tiempo. Esta guerra es una controvertida campaña de prohibición promovida por el gobierno de los Estados Unidos con la ayuda de otros muchos países. Sus supuestos objetivos consisten en restringir el comercio ilegal de drogas, frenar la oferta y reducir la demanda de las sustancias psicotrópicas que son consideradas inmorales, perjudiciales y peligrosas o indeseables.

La guerra contra las drogas, que se lleva librando durante cerca de 40 años, es una iniciativa liderada por el gobierno de EE.UU.
La guerra contra las drogas, que se lleva librando durante cerca de 40 años, es una iniciativa liderada por el gobierno de EE.UU.

Pero estas metas, establecidas por la política nacional en materia de drogas de los EE.UU., no se están alcanzando y los políticos son muy conscientes de ello. Así pues, si el objetivo no es reducir el abuso de sustancias, ¿cuál es entonces? Y aquí es donde podemos realmente darnos cuenta de que está razonablemente claro, tanto por las acciones que se llevan a cabo actualmente como por los antecedentes a lo largo de la historia, que las sustancias tienden a ser criminalizadas cuando se asocian a las llamadas clases peligrosas y que la criminalización de ciertas sustancias es una técnica de control social.

Por lo tanto, todo esto nos lleva a la conclusión de que con el fin de controlar solamente a ciertas clases o a ciertos grupos sociales, la guerra que se está produciendo no es realmente una guerra contra todas las drogas, sino una “guerra contra ciertas drogas.”

Desmontando la guerra contra las drogas con Noam Chomsky

Son muchas las personalidades, instituciones, organizaciones y ciudadanos que, a nivel mundial después de tantos años, se preguntan, analizan, reflexionan y cuestionan esta guerra. En este artículo, vamos a desmontar los argumentos en los que se basa esta guerra de la mano de  Noam Chomsky, el denominado por The New York Times como “posiblemente, el intelectual vivo más importante en la actualidad”. Su bibliografía es increiblemente extensa, ha escrito más de 150 libros, aparecido en más de 100 documentales, y se le considera el pensador vivo más citado como fuente en trabajos académicos. Su personalidad y su obra son tan relevantes que, como dato curioso, hay que señalar que se encontraba en lista de objetivos planificados por Unabomber.

Noam Chomsky, según The New York Times, posiblemente el intelectual vivo más importante en la actualidad
Noam Chomsky, según The New York Times, posiblemente el intelectual vivo más importante en la actualidad

 

Es profesor emérito en el Departamento de Lingüística y Filosofía del prestigioso MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde lleva trabajando durante más de 50 años. A pesar de que es considerado el padre de la lingüística moderna, la obra de Avram Noam Chomsky (Filadelfia, Estado Unidos, 7 de diciembre de 1928) en realidad trasciende ese campo, extendiéndose e influyendo a otros campos como la informática, las matemáticas, la filosofía y la psicología, e incluso la genética. Se le considera una figura de gran influencia tanto en su país de origen como en el resto del mundo. Además, es conocido por su activismo y sus comentarios políticos, aunque Chomsky desvincula completamente su actividad científica de la política.

A lo largo de sus múltiples trabajos, artículos, las muchas entrevistas concedidas, charlas, etc, Chomsky nos da las claves para entender esta guerra, exponiendo y examinando las conexiones entre el poder del gobierno, el poder corporativo y la guerra contra las drogas, incluyendo su papel a la hora de mantener un sistema de “control de la población”.

La guerra contra las drogas es un invento para limitar las libertades

Chomsky afirma que el lenguaje utilizado en esta guerra es engañoso, y se refiere a ella como “la guerra contra ciertas drogas”. El intelectual estadounidense sostiene que la educación es mejor estrategia que la confrontación, y se muestra a favor de la educación y de la prevención, en lugar de la acción militar o policial, como medio para reducir el consumo de drogas. En numerosas y diversas entrevistas y artículos, Chomsky ha argumentado que, mientras que los cultivos como el tabaco no son objeto de ninguna medida drástica o enérgica por parte de las autoridades gubernamentales, otros cultivos que no son considerados rentables, como la marihuana, se convierten en su objetivo específico debido al efecto logrado al perseguir a los menos favorecidos.

El tabaco mata a casi 6 millones de personas cada año, según datos de la OMS.
El tabaco mata a casi 6 millones de personas cada año, según datos de la OMS.

Chomsky nos recuerda que el tabaquismo es mucho más mortal y perjudicial que el alcoholismo, ya que el tabaco es, de hecho, mucho más letal que el alcohol, que a su vez es más dañino que la cocaína o la heroína, las cuales son más perjudiciales que el cannabis. Es decir, el efecto letal global de la nicotiana tabacum supera al de todas las demás drogas en su conjunto. El número total de muertes producidas por los productos nocivos aspirados tanto por los fumadores como por los fumadores “pasivos”, cuyo número es difícil de determinar con exactitud, es terrible. El tabaco mata a casi seis millones de personas cada año, de las cuales más de 5 millones son o han sido fumadores activos, y más de 600.000 son no fumadores expuestos al humo de tabaco ajeno, según datos de la Organización Mundial de la Salud, OMS. A menos que se tomen medidas urgentes, la cifra anual de muertes, causadas por este veneno, podría ascender a más de ocho millones en 2030.En consecuencia, parece que resultaría mucho más razonable criminalizar a los cultivadores de tabaco que a los de cocaína o marihuana.

 Mentalidad e intervención imperialista

Los EE.UU. tienen numerosas bases militares en Ámerica latina desde hace décadas y se siguen instalando bases nuevas, como ha ocurrido en Colombia en los últimos años.La “guerra contra las drogas” fue la justificación ofrecida para ello.Supongamos, dice Chomsky, que Colombia, China o cualquier otro país reclamase su derecho a establecer bases militares en Méjico, con el fin de implementar sus programas de erradicación de tabaco en los EE.UU., y así fumigar y destruir las plantaciones de tabaco que se cultivan tradicionalmente en Carolina del Norte o en Kentucky. Además, se podrían bloquear las zonas productoras, mediante la intervención de las fuerzas policiales por mar y por aire, y después enviar inspectores para comprobar que el veneno ha sido completamente eliminado. El único propósito de todo esto sería impedir el tráfico de tabaco hacia los países que sufren sus efectos.

Es obvio que este caso supuesto no es factible, y existen otras muchas más razones, además de que el tabaco no es una sustancia prohibida en la mayoría de países, mientras que muchas drogas sí lo son. Sin embargo, lo que habría que preguntarse es por qué la justificación de los EE.UU. para llevar a cabo estas políticas en América del Sur es aceptada y aplaudida. Por qué parece lógico y natural que EE.UU., que dice sentirse afectado de manera negativa por las drogas que le llegan desde el sur de sus fronteras, despliegue sus ejércitos en Colombia para acabar con los cultivadores de coca de la zona, pero sin embargo, no es ni siquiera imaginable que ningún otro país pudiera hacer nada parecido si sus intereses se vieran afectados de forma similar. El hecho de que incluso se considere digno de debate ilustra una vez más la profundidad de la mentalidad imperialista y demuestra que se sigue cumpliendo la verdad permanente expresada en la máxima de Tucídides: “Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben—mientras que las clases intelectuales tejen cuentos sobre la nobleza del poder.” Los principales temas de la historia, hasta nuestros días.

La mentalidad imperialista está tan arraigada en el pensamiento de esta nación que pasa desapercibida
La mentalidad imperialista está tan arraigada en el pensamiento de esta nación que pasa desapercibida

Para Chomsky, la respuesta a las preguntas anteriormente formuladas es sencilla y se basa, de manera indiscutible, en la mentalidad imperialista que persiste en EE.UU. y que está tan arraigada en el pensamiento de esta nación que pasa desapercibida. Esta mentalidad se mantiene también, aunque a menor escala, en muchos otros países occidentales, como es fácil observar en Europa.

En la segunda parte de este artículo, analizaremos cuáles son los verdaderos objetivos de la “guerra contra las drogas” y cómo estos están relacionados con el control ejercido sobre ciertos grupos sociales. Volveremos atrás en el tiempo para reflexionar sobre la historia de la prohibición de ciertas drogas en los EE.UU. y ver en que situación nos deja todo lo acontecido.

Cabe esperar que la guerra contra las drogas, una guerra cuyos supuestos objetivos han fracasado, continúe. Y no terminará hasta que llegue el momento en el que tanto la comprensión y el conocimiento popular, como el activismo en contra de la prohibición hagan un llamamiento a los gobiernos y a las Naciones Unidas para calcular lo que está costando realmente a todos los niveles la Guerra contra las Drogas, y explorar las alternativas. Sólo entonces podremos desarrollar un nuevo enfoque hacia ellas, construido en base a las evidencias, construido en base a la verdad.

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