Cannabis en Afganistán – Leyes, Uso y Historia

En Afganistán, consumir, vender o comprar cannabis es ilegal. Sin embargo, la planta se cultiva en el país desde hace siglos y forma parte de la cultura afgana. Los botánicos piensan que incluso podría tener allí su origen. A pesar de ser ilegal en este país, su cultivo es generalizado. Afganistán es uno de los principales productores de cannabis del mundo.

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Legislación del cannabis en Afganistán

¿Se puede poseer y consumir cannabis en Afganistán?

Es ilegal consumir o poseer cannabis en Afganistán. La Ley de Lucha contra los Estupefacientes (2005) establece que cualquier persona sorprendida con una cantidad de cannabis de menos de 10 gramos se enfrentará a una pena de entre uno y tres meses de cárcel y a una multa de entre 5.000 y 10.000 AFN (58 – 116 €).

La pena es más dura si la cantidad es mayor. Quien posea más de 10 gramos se enfrentará a las mismas penas que quien trafique con la sustancia, es decir, de uno a tres años de prisión y una multa de entre 50.000 y 100.000 AFN (580 – 1160 €).

Si un médico certifica que el infractor es adicto al cannabis, es posible que se levante la multa y que la prisión se conmute por un programa de desintoxicación o por acudir a un centro de tratamiento de la drogadicción.

Pese a esta legislación, relativamente dura, el consumo de cannabis (principalmente en forma de hachís) está generalizado en todo Afganistán. Se cultiva en el país desde hace siglos y su consumo está plenamente entroncado en la cultura.

Aunque técnicamente es ilegal, son muchos los que lo consumen. El presidente Ashraf Ghani llegó incluso a declarar en su campaña de 2014 que consideraría su legalización. En una entrevista concedida al LA Times, un vendedor de hachís afgano decía: «¿Sabe cuántas personas vienen aquí a fumar hachís? ¡Miles!»

¿Se puede vender cannabis en Afganistán?

La ley afgana tipifica como delitos la venta, la importación y la exportación de cannabis. La severidad del castigo va en función de la cantidad encontrada y se impone aplicando el siguiente baremo:

  • Menos de 250 gramos: hasta tres meses de prisión y una multa de entre 5000 y 10.000 AFN (58 – 116 €).
  • Entre 250 y 500 gramos: de tres a seis meses de prisión y una multa de entre 10.000 y 50.000 AFN (116 – 580 €).
  • Entre 500 gramos y un kilogramo: de seis meses a un año de prisión y una multa de entre 50.000 y 100.000 AFN (580 – 1161 €).
  • Entre uno y cinco kilogramos: de uno a tres años de prisión y una multa de entre 100.000 y 500.000 AFN (1161 – 5799 €).
  • Entre cinco y diez kilogramos: de cinco a diez años de prisión y una multa de entre 500.000 y 1 millón de AFN (5799 – 11.598 €).
  • Más de 10 kilogramos: de diez a quince años de prisión y una multa de entre 1 y 1,5 millones de AFN (11.598 – 17.375 €).

Estos castigos, a pesar de ser tan duros, no surten un efecto disuasorio importante entre los traficantes. En 2010, la ONU comunicó que Afganistán era el principal distribuidor de cannabis del mundo. Aunque técnicamente Marruecos dedica un área mayor al cultivo de cannabis, las cosechas afganas son más abundantes. En aquel momento, se estimaba que Afganistán producía entre 1500 y 3500 toneladas anuales.

Aunque una parte del cannabis está destinada al mercado nacional, una gran cantidad se distribuye en el extranjero por las redes del contrabando. Europa es un mercado importante para el hachís afgano, que se introduce en el continente en buena medida a través de Albania o del sudeste asiático.

En un intento por atajar el problema, las autoridades afganas realizan incautaciones de hachís con regularidad. Por ejemplo, a finales de 2017, el Ala de la Misión Especial Afgana, en colaboración con la Unidad Nacional de Prohibición, incautó en la provincia de Logar 34 toneladas de hachís en bruto y 300 kilogramos de hachís elaborado, un alijo que –según se estima– habría reportado a los talibanes unos ingresos de más de cinco millones de euros.

¿Se puede cultivar cannabis en Afganistán?

Es ilegal cultivar cannabis en Afganistán, con la única salvedad de los casos de posesión de licencia por parte de las empresas o instituciones que deseen cultivar la planta con fines médicos o de investigación.

Un agricultor al que se sorprenda cultivando cannabis sin licencia está obligado a destruir la plantación y, de no hacerlo, se someterá a las sanciones que impone la ley, que son las siguientes:

  • Menos de un jerib (2000 metros cuadrados) de cultivo: de tres a nueve meses de prisión más una multa de entre 5000 y 20.000 AFN (57 – 231 €).
  • Más de un jerib: 15 días más de prisión y 2500 AFN (29 €) más de multa por cada jerib adicional.

Aunque es ilegal, el cannabis se cultiva a lo largo y ancho del país. Un informe indica que su cultivo es generalizado en la mitad de las provincias afganas. Hasta 2008, los agricultores preferían producir opio, pero se ha producido un importante viraje hacia el cannabis, pues los riesgos que este entraña son menores, su cultivo es menos costoso y los ingresos netos que genera son más cuantiosos.

En 2011, se cultivaba cannabis en unos 65.000 hogares. El año anterior, la cifra se situaba en 47.000, hecho que da una idea de la rapidez del cambio.

¿Es legal el CBD en Afganistán?

La legislación afgana no establece ninguna diferencia entre el cannabis y el CBD. Por lo tanto, también esta sustancia es ilegal y no se puede consumir, comprar ni vender.

¿Pueden enviarse semillas de cannabis a Afganistán?

La Ley de Lucha contra los Estupefacientes no hace mención explícita a las semillas de cannabis (contrariamente a las semillas de amapola, que sí figuran), con lo que estamos ante un texto bastante ambiguo en lo que se refiere al consumo y a la compraventa de semillas. En consecuencia, por más que pueda ser técnicamente legal obtener o utilizar las semillas en Afganistán, no se recomienda enviarlas al país.

Cannabis medicinal en Afganistán

Actualmente no existe ningún programa de cannabis medicinal en Afganistán y el gobierno no ha indicado que este se vaya a adoptar en un futuro.

Cáñamo industrial en Afganistán

La ley no establece distinción alguna entre el cannabis (con niveles de THC que provocan el estado de euforia) y el cáñamo (carente de THC en tales concentraciones). En consecuencia, es ilegal cultivar cáñamo en Afganistán, aunque este no tenga propiedades psicoactivas.

El cannabis y la política

En declaraciones pasadas, el presidente Ashraf Ghani apuntó a la posibilidad de legalizar el cannabis.

Sin embargo, el aumento de las presiones de la comunidad internacional para controlar el floreciente mercado del hachís afgano puede dar al traste con cualquier intento de legalización. En 2019, el presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes instaba a las agencias de las Naciones Unidas a abordar los problemas relacionados con el tráfico de estupefacientes en Afganistán.

Conviene saber

Si va a viajar a Afganistán (o reside en el país), tal vez le interese saber lo siguiente:

  • La UNODC estima que la principal razón por la que se cultiva cannabis es la pobreza. La escasez de dinero impulsa a los agricultores a cultivar la planta, que genera unos ingresos elevados con una inversión relativamente baja.
  • Algunos investigadores consideran que la variedad índica es nativa de Afganistán. Se cree que la mayoría de las plantas que crecen en el país pertenecen a variedades que se originaron en su territorio. También existe la posibilidad de que la sátiva se originara en Afganistán, pues se encuentra en toda Asia Central.
  • En los círculos de consumo de cannabis afganos, se entonan cánticos en los que a veces se oye el nombre de Baba Ku, figura legendaria que habría introducido el cannabis en el país. «Baba» significa «abuelo».

Historia del cannabis en Afganistán

Aunque investigaciones recientes sugieren que el cannabis se originó en Tíbet, se cree que la planta del cannabis como la conocemos hoy en día podría tener su origen en Afganistán. Parece en efecto probable que este fuera uno de los primeros países en cultivarla y en incorporarla a su cultura.

El botánico ruso Nikolai Vavilov estudió a fondo la planta del cannabis durante la primera mitad del s. XX. Vavilov identificó a las subvariedades afgánica y kafirirstánica, que son ambas tipos de índica. Se cree que las plantas de índica habrían crecido únicamente en la región de Hindukush hasta la década de 1950, lo que implica que las plantas cultivadas en Afganistán hasta esas fechas eran con probabilidad variedades de sátiva.

Para mediados de siglo, la índica se cultivaba con mayor frecuencia por todo el país, lo que produjo una hibridación accidental entre la índica y la sátiva, variedades que solían plantarse a escasa distancia las una de la otra. El hachís afgano se consideraba (y se considera) uno de los mejores del mundo.

El cannabis se ilegalizó en Afganistán al parecer en 1957 y sin embargo continuó consumiéndose con normalidad. Al contrario que el opio, que se consumía habitualmente entre la clase trabajadora, el hachís se consideraba un pasatiempo socialmente aceptable y era consumido por personas de todas las extracciones sociales. En la década de los 60, el «sendero hippie», unido al auge del turismo, supuso la exposición a la droga de un número cada vez mayor de visitantes extranjeros. El contrabando comenzó a prosperar al calor de la reputación que cobraba el hachís afgano en todo el globo.

En los 70, se incrementó el consumo, se cree que a causa en gran medida de la creciente popularidad del país como destino turístico.

El cannabis afgano

Nikolai Vavilov postuló la existencia de la subespecie C. sativa, variedad afgánica, en 1926. Pese a esta categorización, en la actualidad aún hay cierta confusión acerca del lugar que debería ocupar dentro de la taxonomía, en especial después de que el botánico Robert Connell Clarke clasificara la C. afghanica como una subespecie de la C. indica. A raíz de ello, ocasionalmente se la menciona en la literatura como «C. indica var. afghanica».

Además, algunos cultivadores a veces clasifican a las variedades afganas dentro de la ruderalis, a pesar de que hasta el cannabis afgano silvestre tiene normalmente un mayor contenido en cannabinoides que las variedades de ruderalis.

No es de extrañar que hasta los expertos estén desconcertados. La C. afghanica comparte muchas características con las variedades de índica, por ejemplo, unas hojas anchas y oscuras con alguna nota violeta. Al igual que la índica, produce un colocón soñoliento y relajante, aunque también estimulante, como el de la sátiva. La planta adulta rara vez supera los dos metros, y la separación entre sus internodos es escasa.

Producción tradicional de hachís en Afganistán

El hachís se produce en Afganistán desde hace cientos de años y aún hay quienes siguen métodos tradicionales para procesarlo. Repasamos a continuación su método de elaboración.

En primer lugar, los agricultores cosechan las flores y las hojas secas. Seguidamente, estas se trillan y se tamizan, con lo que se genera el garda, un polvo rico en tricomas. Existe una primera categoría de garda, la de mejor proporción de masa entre resina y hojas, que va seguida de una segunda y de una tercera, que es la que más impurezas contiene.

A continuación, el garda se vende a los productores, quienes lo amontonan en la palma de la mano y encienden una cerilla para que se ablande y se funda. Aquí se observa una diferencia con el modo de proceder en Marruecos, donde normalmente se tamiza en seco y se prensa sin calor.

Conforme se va fundiendo el polvo, el productor aprieta el garda con la mano hasta formar una bola de hachís oscura y pegajosa. Es un proceso lento y laborioso, que justifica el elevado precio.

El cannabis y los melones

Es frecuente cultivar melones en Afganistán, especialmente en el norte. Se consumen tanto solos como acompañados con hachís. Quienes lo han experimentado afirman que de esta forma no solamente se potencia la euforia, sino que además se contrarrestan los posibles efectos negativos.

Actitudes ante el cannabis

El cannabis es la sustancia ilegal que más se consume en Afganistán. Según una encuesta elaborada en 2009 por la UNODC, en torno al 60% de las personas que consumen drogas en el país habían consumido cannabis anteriormente y la prevalencia anual se situaba en el 8,1% entre los hombres y en apenas un 0,2% entre las mujeres, lo que va en consonancia con la vieja idea de que el cannabis es una droga «de hombres».

La actitud ante el cannabis es en buena medida liberal, aunque el gobierno trata regularmente de erradicar la droga con el fin de controlar el boyante comercio ilegal.

¿Se legalizará el cannabis en el futuro?

Ante una presión cada vez mayor por parte de la comunidad internacional para poner freno al tránsito de hachís con origen en Afganistán, parece poco probable que este se legalice próximamente. Por otra parte, sí parece previsible que la población afgana continúe consumiéndolo como viene haciendo durante siglos, sin reparar en la legislación actual.

  • Disclaimer:
    Aunque se ha hecho todo lo posible para garantizar la exactitud de este artículo, no está destinado a proporcionar consejo legal, ya que las situaciones individuales serán diferentes y deben consultarse con un experto y/o abogado.

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    Sensi Seeds

    El equipo editorial de Sensi Seeds incluye botánicos, expertos médicos y legales, además de activistas de renombre como el Dr. Lester Grinspoon, Micha Knodt, Robert Connell Clarke, Maurice Veldman, Sebastian Marincolo, James Burton y Seshata.
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    Maurice Veldman

    Maurice Veldman es miembro de la Asociación Holandesa de Abogados Penales y uno de los abogados más destacados del campo del cannabis de los Países Bajos. Con 25 años de experiencia en dicho ámbito, su conocimiento del derecho penal y administrativo apoya a los vendedores de cannabis y a los productores de cáñamo al abordar la cuestión de las desigualdades entre el individuo y el estado.
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