¿Puede el Cannabis Ayudar a Tratar y Posiblemente Incluso Prevenir la Malaria?

La malaria es una enfermedad parasitaria transmitida por mosquitos que afecta a más de 200 millones de personas en el mundo. Puede ser fatal, pero no todas las cepas son igual de letales. El cannabis o en concreto los cannabinoides pueden prevenir los efectos terribles de algunas formas de malaria como la cerebral e incluso aumentar la esperanza de vida.

Hay cinco especies de Plasmodium que pueden causar enfermedades a los seres humanos:

  • P. falciparum y P. vivax: Estas son las principales responsables de las muertes por malaria en los seres humanos
  • P. ovale y P. malariae: Estas dos provocan una forma de malaria más leve y por lo general no mortal
  • P. knowlesi: Esta causa la malaria en monos macacos y se puede transmitir a los seres humanos con resultados graves, pero por lo general no mortales

Existen alrededor de un centenar de especies diferentes de mosquitos que transmiten la malaria, aunque las más conocidas a nivel general son unas treinta o cuarenta especies. Todas las especies de mosquitos que transmiten el paludismo pertenecen al género Anopheles y son hembras; y en concreto A. gambiae es un muy conocido vector de la malaria.

Ciclo biológico de la malaria

Los ciclos biológicos de las especies de Plasmodium mencionadas anteriormente dependen de la presencia tanto de un humano (o mamífero) como de un mosquito anfitrión, y se producen en tres fases:

  • Fase del mosquito (ciclo esporogónico)
  • Fase del hígado humano (ciclo exoeritrocítico)
  • Fase de la sangre humana (ciclo eritrocítico)

Cuando un mosquito pica a un humano infectado, ingiere gametocitos de Plasmodium haploides (células reproductoras femeninas y masculinas inmaduras). Estos gametocitos se convierten luego en gametos masculinos y femeninos maduros, que posteriormente se fusionan para formar cigotos diploides.

Luego los cigotos se transforman en ooquinetos activos en movimiento, que se introducen en las paredes del intestino del mosquito. Aquí, los ooquinetos se desarrollan en ooquistes, estructuras celulares de la pared gruesa que producen pequeñas células haploides conocidas como esporozoítos.

Después de unos 8 a 15 días, los ooquistes se rompen y liberan esporozoítos, que llegan hasta las glándulas salivales del mosquito. La próxima vez que el mosquito muerda a un humano, liberará entonces los esporozoítos en el torrente sanguíneo del huésped humano. Una vez que ocurre esto, los esporozoítos se infiltran en las células del hígado y comienzan a crecer y a dividirse, formando nuevas células haploides conocidas como merozoítos.

¿De qué forma afecta la malaria a los humanos?

Los merozoítos continúan reproduciéndose asexualmente, produciendo decenas de miles de descendientes, y finalmente hacen que las células del hígado revienten. A continuación, los merozoítos salen del hígado, se reincorporan a la corriente sanguínea, se infiltran en las células rojas de la sangre, y siguen reproduciéndose y dividiéndose.

Algunos merozoítos no se reproducen asexualmente, y en su lugar forman gametocitos masculinos y femeninos. Por lo tanto, el humano infectado pasará los gametocitos al siguiente mosquito que ingiera su sangre, completando así el ciclo.

La malaria se define como sintomática cuando los merozoítos se han multiplicado lo suficiente como para afectar a múltiples células en el torrente sanguíneo, lo que normalmente ocurre durante las dos semanas posteriores a la infección, aunque es posible que surjan períodos latentes de varios meses o años con algunas especies de Plasmodium.

A medida que los merozoítos se multiplican dentro de los glóbulos rojos, hacen que estos estallen periódicamente, de forma que los merozoítos escapan de nuevo, vuelven al torrente sanguíneo e infectan a nuevos glóbulos rojos. Estos ciclos de ruptura e infiltración ocurren de forma periódica, y se corresponden con la recurrencia cíclica de la fiebre en los individuos infectados.

En los casos de infección por P. falciparum, los glóbulos rojos infectados de la sangre pueden atravesar la barrera hematoencefálica antes de romperse, lo que puede provocar malaria cerebral.

Síntomas de la malaria

Los síntomas de la malaria suelen presentarse durante los 15 días posteriores a la infección. Las cinco especies de malaria causan síntomas iniciales similares, y suele observarse dolor de cabeza, fiebre, dolor articular, vómitos y escalofríos. Otros de los primeros síntomas habituales son las convulsiones, la ictericia, la anemia y daños en las retinas.

La malaria suele caracterizarse por la fiebre recurrente y cíclica, o paroxismo, que corresponde con el ciclo de ruptura e infiltración de los glóbulos rojos. Dependiendo de la especie de Plasmodium que haya infectado el anfitrión, varía la duración del ciclo de la fiebre.

Con P. vivax y P. ovale, la fiebre se repite normalmente cada dos días, mientras que con P. malariae, el ciclo tiene una duración de tres días. Con P. knowlesi, la fiebre se repite en un ciclo de 24 horas, mientras que P. falciparum puede causar fiebre recurrente cada 36-48 horas, o puede producir una fiebre leve pero continua.

Pronóstico de las infecciones de malaria

Cuando el tratamiento se inicia a tiempo, los pacientes con malaria suelen vencer con éxito la enfermedad y recuperar la salud por completo. Se estima que en 2017, se produjeron unas 435.000 muertes como resultado de unos 219 millones de casos de malaria. La tasa de mortalidad parece haber caído desde 2012, cuando se produjeron unas 627.000 muertes de entre unos 207 millones de casos.

No obstante, los casos de malaria no suelen registrarse correctamente, por lo que algunos estiman que la prevalencia anual es muy superior, llegando hasta 500 millones de casos por año.

Sin embargo, si no se aplica tratamiento de inmediato cuando aparecen los síntomas, la enfermedad puede agravarse con gran rapidez, y puede causar la muerte en cuestión de días. La muerte generalmente se produce como consecuencia de complicaciones como la insuficiencia respiratoria aguda, que puede deberse a una anemia aguda, a un edema pulmonar (acumulación de líquido en los pulmones) o a una neumonía.

Complicaciones y mortalidad

La fiebre de aguas negras es otra complicación de la malaria. Se produce debido a que los glóbulos rojos de la sangre se rompen o estallan, liberando hemoglobina directamente en la sangre y en la orina. Esto puede producir insuficiencia renal, que suele resultar mortal si no se recibe tratamiento. Esta complicación se caracteriza por la presencia de orina de color rojo oscuro o negro.

La malaria cerebral tiene una tasa de mortalidad más alta que la malaria simple y es la responsable de la mayoría de los casos de muerte relacionados con la malaria a nivel mundial. No en todos los casos de P. falciparum se produce una ruptura de la barrera hematoencefálica, lo que causa la malaria cerebral, y se da con más frecuencia en niños menores de cinco años.

Aunque su prevalencia es baja, es una de las complicaciones más graves producida por P. falciparum. Hasta 2010, los datos indicaban que afectaba a unos 575.000 niños cada año. La malaria cerebral con frecuencia puede producir un coma, dificultades neurológicas permanentes, y posiblemente la muerte.

Historia del tratamiento de la malaria con cannabis

El cannabis se ha utilizado a lo largo de la historia para combatir las enfermedades que causan síntomas de fiebre, como el cólera, la rabia y el tétanos. Se ha documentado su uso en diferentes culturas antiguas, como la china y la india. Los antropólogos también han documentado el uso de forma tradicional, que persiste hasta nuestros días entre algunas poblaciones de África y del sureste asiático.

La literatura china antigua hace referencia al uso del cannabis como tratamiento para la malaria. Al resumir sus propiedades terapéuticas, la Pen T’sao Ching afirma que el cannabis purifica la sangre y disminuye la temperatura, refiriéndose a la capacidad del cannabis para reducir la fiebre.

En Camboya, tradicionalmente las personas infectadas con malaria recibían tratamiento con cannabis, un uso que ha persistido hasta nuestros días, en algunas regiones. Según consta, se inhalaba el humo de un kilogramo de plantas masculinas y femeninas dos veces al día hasta que hubiera pasado la fiebre. De vez en cuando, se empleaba un método alternativo, mediante el cual se administraba un preparado de cannabis y agua por vía oral en dosis de dos mililitros antes de cada comida. Sin embargo, se cree que este método es menos eficaz.

En África, se tiene constancia de que los curanderos tradicionales de Zimbabue han utilizado el cannabis como remedio para la malaria, así como para la fiebre de aguas negras, una complicación potencialmente mortal de la enfermedad. Se cree que los medicamentos tradicionales a base de cannabis se siguen usando entre la población rural, tanto en África como en el sudeste de Asia.

Uso en la medicina tradicional india

En 1893-1894, el Informe de la Comisión de Drogas del Cáñamo Indio se refirió al uso del cannabis como profilaxis contra la malaria, administrado en forma de bebida refrescante. En aquel momento, el cannabis se utilizaba ampliamente en las ramas de la medicina ayurvédica (hindú) y Tibbi (islámica) como hipnótico, analgésico y antiespasmódico. Las propiedades diaforéticas (sudoración excesiva) y diuréticas del cannabis se consideran efectivas para reducir la fiebre.

En 1957, los médicos indios I.C. Chopra y R.N. Chopra publicaron un informe detallado sobre los usos del cannabis en la medicina tradicional de la India. Según el informe, el cannabis se utilizaba habitualmente «fumado y bebido» en las zonas palúdicas, donde se creía que es eficaz como profiláctico.

Las regiones submontanas y de Terai (la sabana y las praderas de la zona norte de la India y Nepal) del estado de Uttar Pradesh, donde abunda el cannabis silvestre, destacan sobre todo por su amplio consumo de bhang (una bebida a base de cannabis) como tratamiento para la malaria.

Se cree que el bhang es más eficaz que la ganja (marihuana) para aliviar el «sentimiento general de inquietud» provocado por la fiebre palúdica. Parece que se solía administrar cannabis con fines medicinales por vía oral, y rara vez se fumaba. Sin embargo, en algunas regiones, se fumaba hachís (coloquialmente conocido como nasha o charas) para tratar y prevenir el dolor de cabeza producido por la malaria.

El declive de los tratamientos tradicionales de cannabis para la malaria

A finales del siglo XIX, en Europa y en los EE.UU., se usaban de forma generalizada medicaciones a base de cannabis y de hachís. Dichos tratamientos se utilizaban para la malaria, pero parecer ser que su aplicación para este propósito estaba limitada en comparación con su uso en otros campos de la medicina. Por supuesto, la prohibición del cannabis fue un golpe fatal para su uso en medicina, por lo menos en el mundo occidental.

La Convención Única sobre Estupefacientes (1961) recibió duras criticas por parte de la India y otras naciones simpatizantes. Para reconocer la importancia cultural del cannabis, le concedieron a la India veinticinco años para promulgar una legislación específica. A pesar de esto, el informe de Chopra y Chopra de 1957 indicaba que el uso del cannabis en la medicina popular de la India ya había comenzado a decaer rápidamente durante las décadas anteriores.

Otro de los factores fue la disminución de la potencia y la consistencia de las medicinas a base de cannabis, a medida que el mercado mundial de cáñamo de la India disminuía, también lo hacía la industria interna. Además, el número de medicamentos modernos potentes y eficaces disponibles en el mercado había aumentado drásticamente, y se había empezado a sustituir los tratamientos tradicionales con cannabis.

Sin embargo, cuando se realizó el informe, se observó que los profesionales de la medicina indígena seguían utilizando el cannabis ampliamente en las zonas rurales de la India, y que los preparados a base de cannabis seguían siendo remedios populares a nivel doméstico para muchas dolencias menores. Los mendigos itinerantes, todavía habituales en la India, suelen llevar encima bhang y lo consumen, y en ocasiones pueden proporcionárselo a los habitantes de las zonas rurales.

Investigación actual sobre el cannabis y la malaria

Aunque la investigación actual sobre el cannabis como tratamiento para la malaria es escasa, disponemos de uno o dos estudios. Un estudio publicado en 2007 comparó la efectividad de los extractos obtenidos a partir de cannabis y de otra planta muy utilizada en la medicina popular, el Aloe vera (también conocida como A. barbadensis), para matar las larvas de las especies de mosquitos vectores Anopheles stephensi. Aunque estas tácticas no tratan directamente la malaria en sí, pueden representar un paso importante en la prevención de la transmisión de la malaria.

Se usaron tres disolventes diferentes, tetracloruro de carbono, éter de petróleo y metanol, para tratar a especímenes individuales de plantas de ambas especies y producir tres extractos diferentes. El estudio demostró que tanto el extracto de cannabis como el de Aloe vera resultaban efectivos en la eliminación de las larvas, siendo los extractos de tetracloruro de carbono mucho más eficaces. Sin embargo, se demostró que todos los extractos obtenidos a partir del A. vera eran más eficaces que los de cannabis.

El CBD puede evitar los daños producidos por la malaria cerebral

La malaria cerebral es una complicación grave y potencialmente devastadora de la infección por P. falciparum, que puede causar déficits neurológicos y de comportamiento permanentes, incluso después de que la infección haya desaparecido con los medicamentos contra la malaria. Se ha demostrado en varias ocasiones que el cannabidiol (CBD), el principal cannabinoide no psicoactivo encontrado en C. sativa, ejerce un efecto neuroprotector. También se ha probado que reduce la tasa de enfermedades neurodegenerativas, como la esclerosis múltiple y el alzhéimer.

Un estudio publicado en 2015 tuvo como objetivo investigar si el CBD podía prevenir los cambios de comportamiento en los ratones infectados con P. berghei-ANKA. Esta especie de Plasmodium no afecta a los humanos, pero provoca síntomas en muchas especies de mamíferos, y es un organismo modelo ampliamente utilizado para fines de investigación. A partir de los tres días posteriores a la infección, se inyectó a algunos ratones dosis de 30 mg/kg de CBD.

Durante los cinco días siguientes a la infección, los ratones infectados fueron tratados con artesunato, un tratamiento contra la malaria consolidado que actúa reduciendo la parasitemia (carga de parásitos en la sangre). Después del tratamiento con artesunato y la reducción completa de la parasitemia, a los ratones se les sometió a pruebas de memoria y a test cognitivos.

Los ratones a los que se administró únicamente P. berghei-ANKA mostraban déficits de memoria y un aumento de la ansiedad, mientras que los ratones tratados con CBD no presentaban estos efectos.

Aunque el estudio no se ha reproducido en seres humanos, estos resultados indican que el CBD podría ser útil como tratamiento adyuvante para reducir o evitar por completo el daño cerebral causado por la malaria cerebral.

Dificultades para tratar la malaria

Las opciones de tratamiento disponibles para la malaria son limitadas. Además, los parásitos Plasmodium, incluido P. falciparum, son cada vez más resistentes a la clase más común de compuestos contra la malaria, el grupo de la artemisinina, al que pertenece el artesunato.

El uso excesivo de productos químicos sintéticos como el DDT ha facilitado que las poblaciones de mosquitos desarrollen resistencia (Tonnendreher).

Debido a que los métodos para matar a los parásitos directamente son poco numerosos y cada vez menos fiables, se ha desplazado hacia el uso de pesticidas sintéticos la responsabilidad de controlar las poblaciones de los vectores de la enfermedad, los mosquitos Anopheles. Esto ha llevado a un uso abundante de los pesticidas sintéticos, entre ellos uno de los más tristemente famosos, el dicloro difenil tricloroetano (DDT).

Debido a este uso excesivo, las especies de mosquitos vectores son cada vez más resistentes a los insecticidas sintéticos como el DDT, y las poblaciones que antes estaban bajo control están aumentando de nuevo en diferentes lugares.

A pesar de esto, la aplicación continua de estos productos químicos, sintéticos y peligrosos está causando graves daños ambientales y generalizados, incluyendo la destrucción de las especies que no son el objetivo, la bioacumulación y la pérdida de biodiversidad.

Como resultado de estos hechos alarmantes, hay una mayor necesidad de encontrar métodos de tratamiento alternativo para la malaria que no causen un daño ambiental tan amplio, y a los que los mosquitos vectores o especies de Plasmodium no hayan desarrollado resistencia.  

¿Sigue siendo útil el cannabis como tratamiento para la malaria?

El uso del cannabis como remedio para la malaria se ha quedado por el camino, debido a la mejora de los métodos modernos para tratar la malaria, así como a su situación ilegal actual. Sin embargo, dado que la malaria sigue representando un riesgo importante para casi la mitad de la población mundial, sobre todo en los países en vías de desarrollo, merece la pena considerar cualquier fármaco que se pueda producir localmente y a bajo coste como parte del conjunto de métodos de tratamiento disponibles.

Aunque los tratamientos pueden haber mejorado, la prevalencia sigue siendo extremadamente alta, en gran parte debido a la pobreza de las naciones afectadas y a las dificultades logísticas inherentes a la distribución de los medicamentos necesarios.

Por otra parte, el cannabis es autóctono o se ha naturalizado en prácticamente todas las zonas del mundo, sobre todo, en y alrededor de las zonas tropicales, donde la malaria es endémica. Si se legaliza y regula, todavía podría aplicarse de forma beneficiosa como profiláctico y como reductor de la fiebre. Hay otras plantas que pueden ser más eficaces que el cannabis para tratar los síntomas específicos de la malaria, como el Aloe vera, pero por lo general no tienen la amplitud de aplicaciones en la medicina que ofrece el cannabis.

Con diferencia, el descubrimiento más interesante es el potencial del cannabidiol para disminuir el daño neurológico causado por la malaria cerebral. Esta complicación de la infección por P. falciparum, que altera potencialmente las condiciones de vida, afecta a más de medio millón de niños cada año, y aún cuando no es mortal, puede tener consecuencias que afectan negativamente a la víctima a lo largo de toda su vida. Los tratamientos de bajo coste con cannabidiol podrían desempeñar un papel muy importante en la reducción de la prevalencia de este fenómeno.

  • Disclaimer:
    Este artículo no tiene la intención de sustituir el consejo, diagnóstico y tratamiento médicos profesionales. Siempre hay que consultar a un médico u otro profesional médico titulado. No hay que retrasar la búsqueda de asistencia médica ni ignorar el consejo médico debido a algo que se haya leído en esta página web.

Comments

2 comentarios en “¿Puede el Cannabis Ayudar a Tratar y Posiblemente Incluso Prevenir la Malaria?”

    1. Diana - Sensi Seeds

      Hola Lina,
      La experiencia con el cannabis es totalmente subjetiva, así que cada persona necesita un tipo y una dosis distinta dependiendo de muchos factores. Te recomendamos acudir a un médico especializado que pueda asesorarte sobre qué variedad se ajusta más a tus necesidades y si, en tu caso, sería recomendable el consumo de cannabis.
      Por otro lado, no dudes en visitar nuestra sección medicinal para saber un poco más acerca del tema:

      https://sensiseeds.com/es/medicinal/variedades-medicinales

      Gracias y suerte,

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    Sensi Seeds

    El equipo editorial de Sensi Seeds incluye botánicos, expertos médicos y legales, además de activistas de renombre como el Dr. Lester Grinspoon, Micha Knodt, Robert Connell Clarke, Maurice Veldman, Sebastian Marincolo, James Burton y Seshata.
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    Sanjai Sinha

    El Dr. Sanjai Sinha forma parte del personal docente de la facultad de medicina Centro Médico Weill Cornell en Nueva York. Se dedica a atender a pacientes, enseñar a los residentes y estudiantes de medicina, y a realizar trabajos de investigación sobre los servicios sanitarios. Es un apasionado de la educación y formación de pacientes y de la práctica clínica basada en la evidencia. Su gran interés en la revisión de casos médicos proviene de estas pasiones.
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